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¡Es la hora de defender raíz, identidad, razón y futuro!

Por: Pablo Moctezuma Barragán.

Es la hora de la soberanía de los pueblos. En este momento en que el Imperio Yanki ya entró en decadencia y a través de la violencia y el saqueo lucha por su hegemonía mundial, que declina, es el momento en que los pueblos asuman su soberanía, su poder de decisión, que establezcan un sistema político y electoral que les permita tomar el poder y mantenerlo siempre en sus propias manos. Es la hora de la soberanía y a la vez es la hora de defender raíz, identidad, razón y futuro. Nuestros pueblos ancestrales cuentan con miles de años de experiencia como sociedades que desarrollaron grandes civilizaciones y esa memoria histórica es la clave para librar hoy las batallas por el mañana. En esa lucha la construcción de nuestra identidad es fundamental. Rescatar nuestra identidad es recobrar nuestro futuro.

La identidad es la base de la autoafirmación y autoestima, y para someter a los pueblos y negarles su soberanía, para aplastar la resistencia, lo primero que toman gran cuidado en hacer los imperios y potencias opresoras es atacar, destruir, negar la identidad.

La forma que usaron los invasores españoles para negar la identidad de las naciones originarias fue llamarlas “indias”. Es sabido que Cristóbal Colón se dirigía a las Indias Orientales, cuando llegó a nuestras tierras y por eso llamó indios a los habitantes de estas tierras, donde a pesar de que no existía ningún indio, el termino fue usado durante la colonia hasta hacerlo prevalecer. Así, «indio» pasó a designar a todos los pueblos originarios. 

Hoy desde la época del neoliberalismo y el neocolonialismo que lleva más de tres décadas se nos trata de negar nuestra identidad y soberanía diciendo que somos norteamericanos. Desde la época de Carlos Salinas de Gortari comenzó una campaña para imponer la imagen de que según esto, habitamos la región de Norteamérica y por lo tanto debemos “integrarnos” con los demás pueblos norteamericanos: Estados Unidos y Canadá. Esto es absolutamente falso, porque México está en medio, entre el norte y el sur del continente, tan solo hace falta observar un mapa. Pero más allá de las regiones geográficas, nosotros  tenemos una gran raíz: El Anáhuac, somos anahuacas. Desde 1943 tomo carta de naturaleza el termino Mesoamérica que utilizó el antropólogo y etnólogo alemán que significa América media o América intermedia. Este termino también es equivoco, porque borra la identidad de nuestro territorio: El Anáhuac. No debemos “integrarnos” a Norteamérica, debemos construir un México soberano, un país que también respete a las naciones originarias. Una cosa es la buena vecindad con los vecinos del norte y otra “integración” que implique que dependamos de la alimentación, la tecnología, los bienes de capital o de las inversiones, de la cultura y del sistema político y electoral de nuestro vecino. En cuanto a nuestra pertenencia a una región, somos parte de una región, un continente: América, que para nosotros es Anáhuac, Tawantinsuyo, Abu Yala como lo nombraron nuestros ancestros durante miles de años. a dominación extranjera provino de Europa, continente que además de imponernos el nombre de América, desde el inicio del capitalismo y a acumulación original del capital, invadió, saqueó, destruyo, mediante un cruel exterminio a los pueblos de los distintos continentes, luego impusieron el Eurocentrismo y los métodos crueles que iniciaron hace 500 años y hoy continúan. Estados Unidos son la sucursal de Europa en América y hasta la fecha cuentan con la complicidad de las principales potencias europeas en todos sus crímenes colonialistas.

Es claro, hoy más que nunca que sl interior de Estados Unidos, país que nos robó más de la mitad de nuestro territorio, la lucha contra nuestra identidad es constante y brutal. Nuestra nación mexicana de 180 millones de personas está dividida entre el territorio que ocupamos en México y el de Estados Unidos donde viven más de 40 millones de mexicanos, pero allá, se nos denomina “hispanos” o “latinos”, cuando somos mexicanas y mexicanos. 

Es claro que no somos indios, pero durante siglos durante el dominio español así se llamó a los habitantes de esta tierra. Dado el tremendo racismo que impusieron los europeos, la palabra adquirió una fuerte carga de discriminación, hasta llegarse a considerar un insulto. Entonces en diversos ámbitos académicos, jurídicos y sociales se comenzó a usar el termino indígena, que hoy está generalizado.

El termino indígena también borra la identidad. Indígena es todo aquel que nace en un lugar La palabra indígena proviene del latín indigena, formada por indu («dentro, en el lugar») y gen- («nacer, engendrar»). Su significado original es «nacido en el lugar». De modo que en todo el mundo, en los cinco continentes, los habitantes originarios de un lugar son indígenas. Así que el decir indígena no define lo identidad especifica de cada pueblo.

Por otro lado la autoidentificación es un elemento esencial, y en México, durante la colonia, solo se tomó en cuenta la óptica mexica y en el mejor de los casos, se vio y se denominó a los demás pueblos originarios con nombres que impusieron los españoles, como el de los mayos, porque habitaban cerca del Río Mayo  o el nombre con la óptica mexica y se les llamó como los llamaban en náhuatl, despreciando su cultura específica. Pero la identidad es persistente, el daño fue muy grave y el trauma profundo, muchos pueblos desaparecieron, pero no pudieron acabar con los más fuertes. Hoy tomamos conciencia de la necesidad de respetar la autodeterminación y la identidad de cada uno de los pueblos.

Los pueblos originarios de México se autodenominan de diversas maneras según su propia lengua y tradición. Entre estos pueblos originarios se encuentran los amuzgos (Ñomndaa o Tzjon Non), coras (Náayeri), cucapás (XawiƚƚKwñchawaay), cuicatecos (Nduudu Yu), chatinos (Cha’cña), chichimecas jonaz (Ézar o Eza’r), chinantecos (Tsa ju jmí o Dsa jmí), chocholtecos (Runixa Ngiigua), chontales de Oaxaca (Slijuala Xanuc), chontales de Tabasco (Yokot’an), huastecos (Tének), huaves (Ikoots), ixcatecos(Xjuani), jacaltecos (Popti), kaqchikeles (Kaqchikel), kickapoos (Kikapú), kiliwas (Ko’lew), kumiais (Kumiai), lacandones (Hach Winik), mames (Mam), matlatzincas (Bot’una), mayas (Maaya), mayos (Yoreme), mazahuas (Jñatrjo o Jñatjo), mazatecos (Ha Shuta Enima), mexicas (Mēxihcah), mixes (Ayuujk o Ayuukjä’äy), mixtecos (ÑuuSavi), nahuas (Macehual o Nahua), olutecos (Yaak O’t), otomíes (HñähñuÑähñu o Ñuhu), paipais (Akwa’ala), pames (Xi’ói), pimas (O’ob), pápagos (Tohono O’odham), p’urhépechas (P’urhépecha), popolocas (Ngiwa), popolucas de la Sierra (Nuntajɨyi), q’anjob’ales (Q’anjob’al), q’eqchi’es(Q’eqchi), seris (Comcaac), rarámuris (Rarámuri), tekos(Teko), tepehuas (Masipijni), tepehuanes del Norte y del Sur (O’dam), tlapanecos (Me’phaa), tojolabales (Tojolwinik’otik), totonacos (Tutunakú o Tachihuiin), triquis (Driki), tzeltales (Bats’il winik), tzotziles (Bats’ivinikotik), wixaritari o huicholes (Wixárika), yaquis (Yoeme), zapotecos (BinnizáBene Xhon o Diidxazá, según la región) y zoques (O’de Püt). 

Las identidades originarias en nuestro territorio predominaron miles de años, pero el colonialismo trató de eliminarlas. Se cometió un genocidio tal, que de los millones de habitantes indígenas, sólo quedaba un millón 200 mil para 1650. Se arrasaron los pueblos y se satanizó a nuestra gran civilización y cultura. A través de la Inquisición se reprimió a quien osara seguir costumbres y tradiciones milenarias. Se cambiaron los nombres a los lugares, ríos, personas, para europeizarlos.

La colonización se logró, además de otras causas, porque los distintos pueblos originarios no estaban unidos, y no lo estaban porque no eran una sola nación y tenían sus rivalidades. Durante la Colonia las rebeliones de los pueblos del Anáhuac fueron una constante, registrándose más de 100 en todo el territorio. De las luchas aisladas y dispersas se llegó a una lucha general que conquistó la Independencia. La nación mexicana surgió a lo largo de la Colonia en nuestro territorio, surgiendo una población, economía, cultura, psicología social específicamente mexicana. México nació a partir de y junto con las naciones indígenas originarias y es un país multinacional.

En la cultura que nos han impuesto durante siglos, esta muy presente la idea de que los mexicanos somos mestizos, mitad españoles y mitad indígenas, y hasta recientemente se viene admitiendo la gran fuerza de los afromexicanos en nuestra tierra. Es un lugar común que se afirme que “somos mestizos” y que se defienda la idea con contundencia: los mexicanos “somos mestizos”. Esto también elimina nuestra identidad, porque resulta que en todo el mundo, en cada país la gente es mestiza, puesto que cualquiera que tenga una mezcla de razas es mestizo. Un mestizo es una persona, animal o planta que nace de la unión de dos elementos, grupos o razas diferentes. Y esto sucede en todo el planeta, es un fenómeno generalizado. Decir que somos mestizos hace abstracción de nuestras raíces especificas, aquí en nuestro territorio. Por otro lada hace referencia a la unión de razas, lo que tiene una connotación claramente racista, puesto que las y los mexicanos somos todes aquelles que trabajamos, vivimos, luchamos en nuestro territorio por nuestros intereses y soberanía, por encima de raza, origen nacional, aspecto físico, edad, preferencia sexual, situación socioeconómica y esto incluye a millones de nuevos migrantes de distinto origen nacional que construyen su vida en nuestra tierra..

Y en términos étnicos, en 1810, cuando comienza la lucha por la Independencia, había en México una cifra aproximada de 3 millones 700 mil habitantes de pueblos originarios los indomésticos (predominantemente de anahuacas) 700 mil; los mestizos, alrededor de 900 mil; los criollos unos 200 mil; los negros y afro mestizos, alrededor de 650 mil, y los españoles, apenas unos 60 mil. En nuestro país subsisten tanto la nación mexicana como las naciones originarias que sobrevivieron al genocidio y la destrucción. La nación mexicana tiene como raíz las culturas indígenas, alimentada de injertos de población negra, europea-árabe y asiática. La población mayoritaria en 1810 era de los pueblos originarios, y en los mestizos predominaba la sangre indígena, también en la mayoría de los mulatos y aún en los criollos había sangre de los pueblos originarios o anahuacas.

Los mexicanos no somos “mestizos”, según la idea tan difundida de que somos mitad indígenas, mitad españoles e incluso se dice que España es “Nuestra Madre Patria”. La identidad mexicana surgió de la unión de indígenas, mestizos, mulatos, negros y blancos, asiáticos, de campesinos y trabajadores, rancheros, arrieros, empresarios, en contra del colonialismo, de los invasores españoles y de su dominio sobre nuestro territorio.

La nueva identidad mexicana se construye en la lucha conjunta de todos los pueblos y comunidades en nuestro suelo que combaten por nuestra soberanía y contra el imperio yanki y sus planes de “integrarnos” y mantenernos subordinados, de seguirnos imponiendo el extractivismo y sus megaproyectos depredadores. La identidad s e construye luchando por la vida, el agua y el territorio,  la soberanía popular y nacional, la soberanía local, la soberanía de los pueblos originarios del Anáhuac, la soberanía económica, agropecuaria, industrial, cultural, militar. Esa es nuestra lucha de ayer, de hoy y de mañana, hasta la plena independencia. 
Nuestra soberanía se construye también coadyubando con la lucha por la soberanía de todos los pueblos del mundo, que se ven atacados e invadidos: Palestina, Irán, Cuba, Venezuela, Puerto Rico, los pueblos de todos los continentes que levantan la bandera de la libertad y del fortalecimiento de sus propias identidades que enriquecen las de toda la humanidad.

SICmx

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