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LA DERECHA RELIGIOSA (Primera Parte)

Por: Pablo Moctezuma Barragán.

La derecha utiliza un manto religioso para esconder su afán de dominio, saqueo, explotación de las personas y devastación de la naturaleza. Encubre sus intereses mezquinos con un discurso en el que dice pretender establecer el Reino de Dios en la Tierra. Busca evangelizar y usar las instituciones, en primer lugar las educativas, para conquistar las almas supuestamente para reconocer a Cristo Rey, como Señor de la historia, aparentando buscar su reinado espiritual, cuando en realidad pretende el reinado del lucro y el poder terrenal de las élites sobre el resto de la población y la inevitabilidad del dominio del Imperio sobre los pueblos sometidos.. Usan las aspiraciones espirituales de los pueblos en su  afán de dominio material.

Actualmente los líderes de derecha en todo el mundo usan a Dios para imponer su agenda imperialista y violenta, comenzando por Trump quien se presenta como “un instrumento elegido por Dios” y  para defender sus políticas imperialistas utiliza frases como la del juramento a la bandera que dice «One Nation Under God», “Una nación sometida a Dios”, y para defender que la prosperidad, libertad y fortaleza de Estados Unidos dependen de mantener sus «raíces judeocristianas». Cabe recordar, el juramento a la bandera en Estados Unidos se estrenó el 12 de octubre de 1892 para conmemorar 400 años del inicio de la colonización y la invasión europea por parte de Cristóbal Colón.

Los líderes reaccionarios en América Latina usan esta misma retórica. El presidente de Colombia, Alberto de la Espriella, ha manifestado que se debe poner a Dios y la fe en el centro de cada decisión presidencial y se complace en exclamar “¡Viva Cristo Rey!” El actual presidente de Honduras, Nasry Asfura, incluyó de manera notoria una oración a Dios al finalizar su primer discurso de toma de posesión, dijo que «si alguna vez se olvida de Dios, Dios nunca se olvide de él». Cabe mencionar que ambos mandatarios fueron impuestos por medio de fraudes electorales y el apoyo de Trump.

El presidente de Chile, el pinochetista José Antonio Kast exclama «Nada sería posible si no tuviéramos a Dios». En Argentina, el mandatario Javier Milei afirma que el capitalismo de libre empresa no fue inventado por el ser humano, sino que fue preparado y descubierto a través de la ley de Dios y los Diez Mandamientos.

En México, la ultra derecha tiene las mismas características. Los grupos y personas que la representan se caracterizan por hacer alarde de su religiosidad, mencionan a Dios de manera central y recurrente en su discurso político, no consideran que las creencias religiosas sean un asunto privado, sino el eje que articula su ideología, su propuesta de Estado y su oposición a las agendas progresistas. Su lema es «Dios, Patria y Familia», busca cimentar la fe religiosa como la base moral sobre la que se construya la identidad nacional y la estructura social; pone al centro el modelo de familia tradicional como el núcleo que debe protegerse, negando los derechos sociales y colectivos.

La ultraderecha religiosa en nuestro país pretende revertir todo avance y alinearse con los gobiernos proimperialistas y oligárquicos que predominan ya en América Latina y el Caribe. Es importante, de cara al futuro, analizar lo que ha significado históricamente la derecha religiosa en México para impedir que avance en coyunturas que le sean propicias.

Estos grupos actúan contra la separación Iglesia-Estado que data de las Leyes de Reforma y tienen como origen el levantamiento cristero de la segunda década del siglo XX. Luego de la derrota de la lucha armada, organizaron la Unión Nacional Sinarquista, de tendencia fascista y promovida en México por los nazis, era de carácter semiclandestino, pero también comenzaron a actuar de manera oculta y a desarrollarse a partir de varias universidades: en la Universidad Autónoma de Guadalajara surgen Los Tecos, en la UNAM, la UNEC (Unión del Noroeste de Estaciones de Campo) y los llamados conejos y, posteriormente, el MURO (Movimiento Universitario de Renovadora Orientación) y en la Universidad de Guanajuato El Yunque.

Dichas organizaciones promovieron sus intereses a través de medios violentos y se vieron envueltas en múltiples enfrentamientos que cobraron víctimas. El Partido Acción Nacional se nutrió desde su nacimiento de múltiples cuadros surgidos de estos grupos. Su actuación formal fue en el marco legal y guardando una fachada laica, pero en el contenido de su programa y de su propaganda encontramos la influencia clara de la derecha religiosa, su discurso, sus alianzas y sus fines; se ha usado desde su nacimiento como la organización fachada para la actuación clandestina de los cuadros de la derecha religiosa, como se hizo público claramente durante los gobiernos panistas de Fox y Calderón.

La derecha religiosa busca imponer en las estructuras gubernamentales una religión y su visión sobre toda la sociedad. En los últimas décadas hemos visto públicamente cómo gobernantes panistas actúan abiertamente como militantes católicos; recordemos hechos escandalosos como el del exgobernador panista de Jalisco, Emilio González, quien durante su mandato anunció en marzo de 2008 que iba a entregar 90 millones de pesos a la Arquidiosesis de Guadalajara para la construcción del Santuario de los Mártires Cristeros, que se construyó  en el Cerro del Tesoro en Tlaquepaque.

Recordemos que, en el 2000, el papa Juan Pablo II canonizó a 25 mexicanos que participaron en el levantamiento cristero. Después, el 20 de noviembre de 2005, Benedicto XVI canonizó a otros 13 cristeros mexicanos, entre ellos el líder Anacleto González Flores, fundador de la ACJM (Acción Católica de la Juventud Mexicana) y la Unión Popular en Jalisco.

En enero de 1927 comenzó la resistencia contra el gobierno de Calles, apoyando luego la lucha armada. Esta guerra causó por lo menos 70 mil muertos hasta que en junio de 1929 se efectuaron los “arreglos” entre la alta jerarquía de la Iglesia y el gobierno, evidenciando la participación de ésta en el conflicto. A partir del año 2005, cada 20 de noviembre la Iglesia conmemora a estos cristeros. Es sabido que ese día se celebra la Revolución Mexicana, de la que surgió la Constitución de 1917 a la que se oponía la Iglesia y los cristeros.

También ha sido escandalosa la intervención abierta del papa Benedicto XVI para condenar una ley, aprobada por la Asamblea Legislativa del D.F., dando continuidad a la tradición de intervención del Vaticano para aceptar o rechazar leyes o constituciones que se aprueban por representantes populares y en el ámbito del gobierno que ellos llaman “terrenal”. El papa Benedicto XVI se opuso a la ley para despenalizar el aborto, aprobada por la Asamblea Legislativa del D. F.

La alta jerarquía eclesiástica ha promovido movilizaciones en contra de esa Ley. Al mismo tiempo que el Vaticano se ha manifestado abiertamente sobre asuntos de política de nuestro país, hay legisladores que en su momento opinaron que los sacerdotes deberían tener el derecho a ser electos como representantes públicos, olvidando que éstos juran obediencia a un Estado extranjero: El Vaticano, y esto tiene profundas consecuencias.

El mensaje de Benedicto XVI obligó a recordar las desafortunadas intervenciones papales en torno a la legislación mexicana. El papa Pío IX se opuso a las primeras leyes de Reforma, y a la Constitución de 1857, aun antes de su promulgación.

La Constitución de 1917 mereció la descalificación del Episcopado mexicano, al que apoyó el papa Benedicto XV, y más tarde cuando se reglamentó el Artículo 130, con la Ley Calles, el papa Pío XI la condenó con tal acritud que encendió la chispa que ocasionó la guerra cristera que inició a las pocas semanas.

Es conveniente el análisis de la situación actual, recordar estos antecedentes y rememorar lo que originaron las primeras intervenciones papales en nuestras tierras desde el siglo XVI, porque hay una línea de continuidad de entonces a la fecha, siempre en defensa de los intereses más conservadores y de privilegios de extranjeros contra la población local.

Los intereses de los conservadores tienen su origen en la invasión europea que se apoderó violentamente de la tierra, esclavizó y sometió a la población de las naciones indígenas originarias.

Los invasores españoles tenían una justificación para la ocupación de las tierras que durante siglos tenían sus dueños; esta justificación era que Dios, a través del Papa había dado la propiedad de las tierras al Rey, y que ellos, como representantes del monarca español, tenían el derecho de someter a los pueblos.

De esta forma, usaron a la religión para imponer sus intereses terrenales. El régimen colonial surgió con el apoyo de la Iglesia católica, al grado de que fue un papa de origen español, Alejandro VI, quien les dio la justificación para invadir nuestro territorio.

En efecto, el sumo pontífice decretó en 1493 las Bulas Alejandrinas, por medio de las cuales repartía el mundo entre España y Portugal. Todo lo hacía en “nombre de Dios”.

Alejandro VI, es el bien conocido Rodrigo Borgia, de la familia Borgia, cuyos miembros se hicieron famosos por sus asesinatos, corrupción, promiscuidad y crímenes diversos. Tuvo una decena de hijos con varias amantes, a los que favoreció al llegar al papado. Son famosos César y Lucrecia a quien Alejandro VI nombró administradora de la Iglesia y el Vaticano cuando ella tenía apenas 21 años de edad. Sus escándalos fueron tales que se dice que ella mantuvo relaciones incestuosas con su padre y su hermano. A partir de los 13 años, la casaron tres veces, por interés.

El cardenal de Tortosa, que al asumir el sumo pontificado se hizo llamar Adriano VI, declaró a Hernán Cortés gobernador de la Nueva España, bendiciendo de esta forma la invasión y sus crímenes. El emperador Carlos V, durante mucho tiempo se había mostrado renuente a darle el nombramiento de gobernador a Cortés, pues estaba enterado de sus delitos, sabía que había huido de Cuba y traicionado al representante del rey, Diego Velázquez. Cortés actuó en todo momento en contra de la Ley de Siete Partidas, ya que se lanzó a la conquista sin autorización real.

Diego Velázquez y el presidente del Consejo de las Indias, el obispo de Burgos, Rodríguez Fonseca, acusaban a Cortés de múltiples crímenes, como los asesinatos de varios funcionarios reales: Francisco de Garay que tenía el permiso de España para colonizar el Pánuco, el tesorero del rey Julián de Alderete, los jueces Luis Ponce de León y Marcos Aguilar, y hasta el de su propia esposa Catalina Juárez a la que ahorcó en Coyoacán.

Carlos V recibía constantes envíos de oro, pero no se decidía a legitimar a Cortés. Sólo después de que éste se enteró del nombramiento otorgado por Adriano VI fue que, como dice Bernal Díaz del Castillo, confirmó lo que el sumo pontífice, mandó y declaró gobernador de la Nueva España a Cortés.

Fue sólo hasta el año 1537, cuando el papa Pablo III, mecenas del pintor Miguel Ángel y el mismo que en 1542 estableció el Santo Oficio y dio inicio a la Inquisición Romana, declaró con la bula Sublimus Deus que los indios tenían alma y derecho a contar con posesiones.

 Así que “el bien común” al que se refería Hernán Cortés no los incluía. Por cierto, el PAN siempre ha sido abiertamente hispanista y promotor del “bien común”. La primera referencia en nuestro territorio al “bien público y común” se encuentra en la carta de Hernán Cortés del 10 de julio de 1519, que firmó como carta del cabildo de Veracruz. Claro que él se refería al bien común de los invasores europeos, porque para ellos las naciones indígenas originarias eran tan sólo objeto de saqueo y explotación. El gobierno de Calderón buscó el “bien común” de las trasnacionales españolas —como Repsol— y las norteamericanas.

Se pensaba que la soberanía provenía del papa, como representante de Dios; esto causó conflictos. En la época borbónica, el primer rey borbón, Felipe V, rompe con la concepción de que el poder se debe a una concesión papal y lo reivindica como una posición propia del Rey; luego de un conflicto y ruptura con Clemente VII se restablecen las relaciones con Roma por medio de un Concordato que se firma en 1737.

En 1808, hace 200 años, el Ayuntamiento de la Ciudad de México declaró la soberanía popular, como fuente de poder. A los dos años estalla la lucha por la Independencia, pero la alta jerarquía eclesiástica siempre apoyó el poder colonial.

Al comienzo de la revolución de Independencia, la alta jerarquía de la Iglesia la condena. Cabe mencionar que el bajo clero desempeñó un papel altamente revolucionario y que fueron decenas de sacerdotes ligados al pueblo y a su causa que promovieron los intereses nacionales y populares.

Luego de la consumación de la Independencia de México, el papa Pío VII se niega a reconocer al nuevo Estado mexicano; el Vaticano mantiene durante 15 años su negativa a considerar nuestra soberanía nacional. En 1824, el papa León XII envió una carta a las antiguas colonias instándolas a volver a la obediencia del muy católico rey Fernando VII. Todavía por el año 1831, el papa Pío VIII se negaba a nombrar obispos en México, pues respetaba el patronato con España, y fue hasta 1836 cuando el papa Gregorio XVI reconoció la independencia mexicana, una vez que España, su santa aliada, hacía lo mismo. (Continuará)

SICmx

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