NO HAY ALTO AL FUEGO … SIGUE EL GENOCIDIO.

Por: Pablo Moctezuma Barragán.
Los primeros días de agosto dejaron una imagen particularmente clara de cómo la realidad contradice los anuncios en Palestina. El 2 de agosto, ataques israelíes mataron al menos a 18 palestinos. Y mientras Trump hablaba de un acuerdo, los habitantes de Gaza denunciaban que la realidad sobre el terreno seguía siendo de muerte, destrucción y desplazamiento.
Para el 5 de agosto se habían registrado desde el alto el fuego: 1,254 palestinos muertos, 4,121 heridos y 804 cuerpos recuperados de los escombros y julio había sido hasta entonces el mes más mortífero de 2026, con más de 150 palestinos muertos. Estas cifras muestran la dimensión de la contradicción: se habla de alto el fuego mientras siguen muriendo palestinos.
UNICEF informó el 7 de agosto que 300 niños palestinos habían muerto durante los aproximadamente 300 días transcurridos desde el alto el fuego, a pesar de que formalmente seguía vigente. También señaló que las familias palestinas estaban confinadas aproximadamente a un tercio de Gaza, entre edificios destruidos, escombros y residuos sin retirar. En los últimos días se han producido nuevos ataques israelíes: el 8 de agosto hubo palestinos muertos y heridos en diferentes zonas de Gaza.
Un caso muy reciente es Taybeh, una de las últimas localidades cristianas palestinas de Cisjordania: el ejército israelí restringió el acceso al pueblo el 9 de agosto después de una serie de ataques de colonos.
Al mismo tiempo, la situación humanitaria sigue siendo extremadamente grave: Israel mantiene restricciones para introducir ayuda, continua la destrucción de viviendas e infraestructura, el desplazamiento masivo e induce enormes necesidades sanitarias. Muchas familias permanecían desplazadas en tiendas de campaña, escuelas o edificios parcialmente destruidos e incluso ahí eran atacados.
El 6 de agosto, Arabia Saudita, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Turquía y otros países condenaron los ataques israelíes contra Gaza. Los gobiernos árabes enfrentan una situación complicada quieren impedir que la guerra continúe y evitar una nueva desestabilización regional y tienen que responder ante sus propias poblaciones, donde la causa palestina mantiene una enorme importancia política y se viven continuas movilizaciones pro Palestina.
Ante esta situación Hamás ha rechazado entregar sus armas mientras Israel mantenga tropas y ataques dentro de Gaza. Mientras Israel, que no ha respetado ningún acuerdo exige primero el desarme y luego efectuar la retirada de sus tropas.
Así, el genocidio contra el pueblo palestino continúa a pesar de haberse declarado el “alto al fuego” el 25 de octubre de 2025. Los palestinos siguen muriendo, continúan los ataques israelíes, prosigue el desplazamiento de la población, se profundiza la destrucción y, mientras Gaza permanece sometida por el sionismo a una enorme crisis humanitaria, en Cisjordania aumenta la violencia de los colonos, las demoliciones y el desplazamiento de comunidades palestinas. El alto el fuego no significó el fin de la guerra contra el pueblo palestino.
En Cisjordania, el mes de marzo marcó una aceleración de la expansión de asentamientos y de las medidas encaminadas a ampliar el control israelí sobre territorio palestino. La Oficina de Derechos Humanos de la ONU denunció en marzo la expansión de asentamientos y la anexión de grandes partes de Cisjordania. Además, para entonces, registraba ya más de 5,600 palestinos desplazados por violencia de colonos desde 2023, incluyendo más de 2,600 niños.
En Cisjordania la situación empeoraba desde entonces con cientos de ataques de colonos desde el alto al fuego, incluyendo incendios de viviendas, tierras agrícolas, vehículos e incluso mezquitas. Hay más de seis ataques de colonos diarios y ya para fines de julio. más de 2,300 palestinos habían sido desplazados en Cisjordania durante 2026 debido a ataques de colonos y restricciones de acceso.
Durante marzo, la tregua que se había alcanzado en Gaza siguió siendo violada, los ataques israelíes continuaron y las negociaciones para avanzar hacia una segunda fase del acuerdo permanecieron estancadas. Israel justifica sus operaciones aduciendo a amenazas de Hamás, pero claramente el blanco fue la población palestina que sufrió nuevos muertos, heridos y desplazados.
En abril la situación se hizo todavía más evidente al continuar los sistemáticos ataques israelíes a pesar del alto el fuego. Médicos Sin Fronteras señaló que, hasta el 8 de abril, el Ministerio de Salud de Gaza contabilizaba 733 palestinos muertos y 1,913 heridos desde el comienzo del alto el fuego. El 24 de abril, por ejemplo, al menos doce palestinos fueron asesinados en distintos ataques en Gaza, entre ellos seis policías palestinos. Para entonces, las víctimas palestinas acumuladas desde el comienzo del alto el fuego ya se contaban por cientos. Es decir: había una tregua sobre el papel, pero continuaba el genocidio y no una verdadera paz sobre el terreno.
En mayo se produjo otro cambio fundamental. El gobierno de Benjamin Netanyahu ordenó ampliar el control militar israelí sobre Gaza. La llamada Línea Amarilla con la que Israel se ha apoderado de dos terceras partes de la franja de Gaza, así comenzó a desplazarse y con ella aumentó el territorio al que los palestinos no podían acceder. El objetivo declarado por Israel era garantizar su seguridad y ejercer presión sobre Hamás. Pero las consecuencias fueron concretas: se arrebata más territorio a una población que ya había sido violentamente desplazada de sus hogares ancestrales . Y aquí aparece una de las preguntas centrales de estos meses: ¿qué significa un alto el fuego cuando una de las partes continúa ampliando el territorio que controla militarmente?
En mayo también apareció con mayor claridad el temor a que Gaza terminara dividida de manera permanente, mientras Israel ampliaba su control sobre Gaza y la ONU advertía sobre este riesgo, la ayuda humanitaria seguía siendo bloqueada por el sionismo y era insuficiente frente a enormes las necesidades de la población.
Para finales de junio, Naciones Unidas señalaba que Israel afirmaba controlar aproximadamente 70 % de la Franja de Gaza, ampliando progresivamente el territorio invadido y reduciendo el espacio disponible para la población palestina.
Y mientras Gaza seguía siendo atacada, en Cisjordania avanzaba otro proceso de ocupación, abriéndose a los ojos del mundo el otro frente.
Alentados por el gobierno de Netanyahu, durante estos meses, Cisjordania sufrió una aceleración de los ataques de colonos israelíes, las demoliciones y el desplazamiento de comunidades palestinas. No se trata solamente de enfrentamientos aislados sino que la ONU había documentado un proceso sistemático de desplazamiento.
Para julio, más de 3,200 palestinos habían sido desplazados en Cisjordania durante 2026 por ataques de colonos y demoliciones relacionadas con la falta de permisos de construcción israelíes. Y desde 2023, más de 6,200 palestinos habían sido desplazados en este contexto.
Esto significa que mientras el mundo observa Gaza, Cisjordania también está siendo progresivamente ocupada y expoliada sobre el terreno. Las comunidades palestinas son expulsadas, se restringe su movilidad y se amplían los asentamientos israelíes. La cuestión, entonces, ya no es solamente qué ocurrirá con Gaza sino también está en juego qué territorio palestino quedará en Cisjordania.
Durante julio, Donald Trump intentó convertir las negociaciones propuestas por Egipto en algo mucho más ambicioso. Ya no se trataba solamente de detener los combates. La propuesta estadounidense buscaba establecer un nuevo orden colonial para Gaza, la reconfiguración de Gaza. El proyecto contempla el desarme de Hamás, una retirada israelí por etapas, una administración palestina de carácter tecnocrático, una fuerza internacional de estabilización, para lo que se ofreció Uganda y un proceso de reconstrucción, que por cierto sería el gran negocio para corporaciones extranjeras.
La llamada Board of Peace, impulsada por Trump, comenzó a trabajar en este proyecto colonial. Incluso se discutió la creación de una zona humanitaria piloto y la participación de fuerzas internacionales. Pero aquí aparece una cuestión en el centro una cuestión fundamental, Trump quiere impedir que los palestinos gobiernen Gaza después de la Guerra, sino ya sea una fuerza internacional o una administración “palestina” títere controlada por Washington. Y lo principal para él erradicar a Hamás de su territorio.
Pero aunque el 31 de julio, Donald Trump anunció que se había alcanzado un acuerdo, un gran avance hacia el final de la guerra relacionado con el desarme de Hamás. El tal acuerdo no estaba cerrado, Trump hablando de paz pero los ataques continuaban e Israel insistía en el desarme completo de Hamás este exigía primero la retirada israelí y el fin de sus operaciones militares contra el pueblo palestino. El 9 de agosto, Benjamin Netanyahu rechazó públicamente el nuevo plan de Trump a pesar de que el llamado Board of Peace afirma que el plan continúa operativo y que su aplicación debe realizarse por etapas. Estados Unidos intenta imponer una nueva arquitectura política colonial para Gaza bajo su hegemonía, pero todavía no consigue que Israel lo acepte y mucho menos que frene su lucha por expandirse y concretar el Gran Israel
Más allá de los anuncios de Washington, de las declaraciones de Netanyahu o de las negociaciones de El Cairo y Doha, hay que mirar lo que ocurre sobre el terreno, el genocidio sigue, la ocupación continúa, todos los derechos nacionales del pueblo palestino son negados. Y no cesará la lucha del pueblo palestino mientras exista la ocupación y no se reconozca su derecho a existir como pueblo y como nación. Mientras no se castiguen el genocidio y los crímenes de guerra. Solo así se podrá hablar de paz. Bajo las más difíciles condiciones y con la complicidad de la aplastante mayoría de los gobiernos del mundo, la lucha sigue.
La presidenta Claudia Sheinbaum calificó el 5 de agosto de “inhumana” la ofensiva israelí en Gaza y reiteró que México está en contra de la violencia contra la población civil palestina, defendió que la política exterior mexicana se basa en la paz, la autodeterminación de los pueblos y la no intervención. Esa declaración debería ir acompañada con la ruptura de relaciones diplomáticas y de todo tipo con el ente sionista. Es necesario el aislamiento internacional de Israel.
¡Desde el río hasta el mar … Palestina vencerá! La ejemplar resistencia palestina es alentada en todo el mundo, a nivel internacional la bandera de Palestina se levanta como símbolo de resistencia y exigencia de justicia y paz.
SICmx



