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LA DERECHA RELIGIOSA (Segunda parte)

Por: Pablo Moctezuma Barragán.

El uso de la “espiritualidad” en el mundo terrenal y en las estructuras de gobierno sirve a intereses egoístas que incluso contradicen en la práctica el discurso religioso de los dominadores.

Para controlar a la población, se le imponen prohibiciones y restricciones de todo tipo: represión, sacrificio y reglas tan estrictas que sirven de pretexto para castigar no a quien viola los dogmas religiosos, sino a quien afecta los intereses económicos y políticos de los dominadores. Se criminaliza a la población en general y se usan sus “faltas” como pretexto para darle muerte al rebelde.

Antes, en la época de la Inquisición, las personas podían ser encarceladas, torturadas, eliminadas físicamente, quemadas vivas; ahora se da al rebelde “muerte civil” a través de campañas mediáticas y en redes. Esta práctica se comenzó a dar desde el siglo XIX. Ahora en pleno siglo XXI las campañas de linchamiento en redes a través de bots están a la orden del día.

Los intereses conservadores, la búsqueda de mantener situaciones de privilegio y retroceso, siempre se vieron apoyados activamente por las altas jerarquías religiosas. Pío IX se opuso a las primeras leyes de Reforma, desconociéndolas y descalificándolas, este papa afirmó: “levantamos nuestra voz pontificia con libertad apostólica en esta vuestra plena asamblea para condenar, reprobar y declarar írritos y sin ningún valor los mencionados decretos”.

El directorio conservador usaba los periódicos La Sociedad y La Patria con el fin de generar el odio público, calumniar al gobierno y a su proyecto de redactar una nueva Constitución de acuerdo con los tiempos.

Usando argumentos religiosos, acusando a los liberales de impíos y fijando decretos de excomunión en los templos y en las esquinas de las calles, no pudieron impedir que se aprobara la Constitución de 1857 y entonces, para echarla abajo y mantener los privilegios políticos y económicos de la Iglesia, dieron un golpe de Estado por medio del Plan de Tacubaya y desataron la guerra interna de Tres Años.

No conformes con su derrota propiciaron la invasión francesa. En todo momento, el Sumo Pontífice y la alta jerarquía local se opusieron a la Constitución y apoyaron la lucha de los conservadores. El papa Pío IX condenó la Constitución Mexicana de 1857 y declaró excomulgado a cualquier mexicano que la obedeciese; el lema de los conservadores era: “Religión y Fueros”. Exigían protección a los tribunales especiales eclesiásticos y la imposición de la religión católica como la única oficial, además buscaban la imposición de un príncipe extranjero.

Con la encíclica Quanta Cura, que incluía el Syllabus errorum (catálogo de errores), en la que Pío IX condenaba a los países que se liberaban del dominio eclesiástico. Asimismo, colaboró con la invasión extranjera.  Maximiliano fue recibido en el Vaticano, ya coronado emperador del gobierno invasor, cuando entró a la capital junto con Carlota, los señores arzobispos de México Don Clemente de Jesús Munguía de Michoacán y Don Pelagio Antonio Labastida y Dávalos saludaron y bendijeron al nuevo “soberano”.

La lucha de la Iglesia contra el poder constituido es justificada en el siglo XX por los ideólogos y fundadores del PAN: Efraín González Luna y Manuel Gómez Morín, fundadores de dicho partido político, quienes argumentan que la Iglesia se defendió ante el despojo de su patrimonio real y por cumplir su tarea primordial de orientar y organizar al pueblo; asimismo, dicen que la sociedad católica no podía dejar de reaccionar —y a veces lo hizo con pujanza indudable— a la agresión del poder. Incluso lograron victorias —dice González Luna— que le permitían expulsar de los puestos de mando a los agentes de la subversión y ocuparlo por algún tiempo (González Luna, 1954: 40). No está de más subrayar que entre los agentes de la subversión está Benito Juárez, y quienes ocuparon los puestos de mando por algún tiempo fueron conservadores de la calaña de Miguel Miramón y Félix María Zuloaga.

Posteriormente, Porfirio Díaz se levantó en armas contra Benito Juárez y luego contra Sebastián Lerdo de Tejada. Una vez en la presidencia, devolvió a la Iglesia gran parte de su poder político y económico, al grado de que el obispo de San Luis Potosí, Montes de Oca, y Obregón llegaron a afirmar con gran júbilo por el año 1900: “Las Leyes de Reforma son leños apagados”. También siguieron usando los medios de comunicación, por ejemplo, los periódicos católicos El Tiempo, El País, La Voz de la Verdad, etcétera, que, por cierto, siempre alabaron al dictador Díaz.

Después de la intensa lucha revolucionaria del pueblo mexicano, los obispos mexicanos condenaron la Constitución de 1917 y excomulgaron a quienes la aceptaran mediante juramento.

El 15 de junio de 1917, el papa Benedicto XV dijo que la conducta de los obispos era “una cosa muy conforme al oficio pastoral y dignísima de nuestra alabanza”. Con semejante aprobación, el arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez, descalificó la Constitución por su “tendencia destructora de la religión, de la cultura y de las tradiciones”.

Años más tarde, el 3 de febrero de 1926, el arzobispo de México, José Mora y del Río, declaró solemnemente:

La doctrina de la Iglesia es invariable, porque es la verdad divinamente revelada. La protesta que los prelados mexicanos formulamos contra la Constitución de 1917 se mantiene firme. No ha sido modificada sino robustecida, porque deriva de la doctrina de la Iglesia [que] emprenderá una campaña contra leyes injustas y contrarias al derecho natural. El Episcopado, clero y católicos no reconocemos y combatiremos los artículos 3º, 5º, 27º y 130º de la Constitución vigente. Este criterio no podemos, por ningún motivo, variarlo, sin hacer traición a nuestra fe y a nuestra religión. (El Universal, 4 de febrero de 1926).

En junio de 1926 había sido promulgada la ley reglamentaria del artículo 130 constitucional, y las reformas respectivas en el Código Penal, para punir las infracciones a aquella institución religiosa, todo lo cual se llamó Ley Calles. Por cierto, hay que mencionar que, así como la Iglesia —usando el manto religioso— intervenía indebidamente en política, condenando la Constitución, buscando la defensa de intereses económicos y políticos para preservar su poder terrenal, el gobierno de Calles pretendió suprimir la libertad de culto y las prácticas religiosas a las que cada ser humano tiene derecho según su conciencia. La intransigencia y la violencia desatada durante la Cristiada también fue propiciada por el gobierno de Plutarco Elías Calles, quien, en esos momentos, tenía como colaborador de su gobierno y director del Banco de México a Manuel Gómez Morín, fundador del PAN.

El 18 de noviembre de 1936, el papa Pío XI emitió la encíclica Iniquis Aflictis sobre la persecución a la Iglesia. La carta pontificia tenía un contenido que atizó los ánimos de los católicos mexicanos. Entre otras cosas, decía:

Es cierto que en los primeros tiempos de la Iglesia y en tiempos posteriores se ha tratado atrozmente a los cristianos, pero quizá no ha acaecido en lugar ni tiempo alguno que un pequeño número de hombres, conculcando y violando los derechos de Dios y de la Iglesia, sin ningún miramiento a las glorias pasadas, sin ningún sentimiento de piedad para con sus conciudadanos, encadenaran totalmente la libertad de la mayoría en tan premeditadas astucias enmascaradas con apariencia de leyes. [Eso] que llaman la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos [fue obra de quienes] poseídos de un furor ciego [quisieron] dañar de todas las maneras posibles a la Iglesia.

A las pocas semanas de darse a conocer esta encíclica, se desató la Guerra Cristera, que incendió al país durante años. Después de haber denunciado la situación de la Iglesia y de los católicos en México (pero también de haber defendido la conclusión de la primera Revolución) con la encíclica Acerba Anima de 1932, el papa Pío XI, en una nueva encíclica de 1937, llegó a legitimar algunas formas de rebelión armada, aunque el tema principal de su mensaje era la defensa de la libertad religiosa y un llamado a la paz y a la unidad.

Décadas después, en 1974, el gobierno federal envió al arquitecto Moctezuma Díaz Infante a entrevistarse con el Papa Paulo VI, con el fin de mejorar las relaciones de México con el Vaticano e invitarlo a visitar México, el pontífice lo recibió de espaldas y, luego de sentarlo frente a él en una estrecha mesa, le reclamó que México tenía leyes que contravenían a las de la Iglesia Católica y le exigió reformar los artículos 3º, 5º, 27º y 130º de la Constitución. Declinó la invitación a México argumentando problemas de “salud”.

Al inicio del neoliberalismo, el gobierno reaccionario de Carlos Salinas de Gortari restableció oficialmente las relaciones diplomáticas entre México y el Vaticano el 21 de septiembre de 1992. Este “logro” se obtuvo luego de las reformas a los artículos 3º, 5º, 27º y 130º constitucionales y de la promulgación de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público en julio de ese mismo año. Así se dio satisfacción a las exigencias de la Iglesia y a las antiguas controversias.

La derecha religiosa ha sido un sector minoritario de la sociedad que busca imponer los intereses de unos cuantos, ejercer el control y aprovecharse de las riquezas que genera la sociedad; además, procura el sometimiento de la mayoría de la población a sus intereses, usando la cuestión espiritual como justificación para imponer violentamente su dominio, tratando de convertir en cuestión religiosa las cuestiones económicas, políticas y culturales.

No todos los católicos ni todos los miembros del clero han sido promotores de privilegios y explotación. Benito Juárez siempre se declaró católico y defendió la separación Iglesia-Estado, combatiendo sin tregua los intereses espurios del clero.

Bartolomé de las Casas denunció abiertamente los crímenes de los invasores españoles; Vasco de Quiroga promovió la autonomía económica y el respeto a los indígenas; Francisco Javier Clavijero reivindicó la cultura y la identidad mexicanas, contribuyendo de esta forma a la lucha anticolonial; Sor Juana Inés de la Cruz se opuso al patriarcado y a la sumisión de la mujer que impusieron los colonialistas europeos; Fray Servando Teresa de Mier, Miguel Hidalgo y José María Morelos, promovieron la independencia nacional y la justicia social; Domeco de Jarauta fue un cura español que heroicamente se enfrentó a los invasores estadounidenses, hasta que fue capturado y fusilado por el conservador Anastasio Bustamante.

En el ser humano y en las sociedades humanas, el nivel espiritual desempeña un papel importante, pero éste puede promover la liberación o la opresión. Los problemas no son generados por los religiosos, sino por aquellos, en particular la alta jerarquía, que usan las cuestiones eclesiásticas con fines de dominación.

Los conservadores usan el poder que les dan instituciones que tuvieron un origen liberador para oprimir. No hay que olvidar que en sus orígenes el cristianismo fue un arma para enfrentar a los imperios esclavistas, pero luego las instituciones cristianas han sido usadas por las cúpulas dominantes, para esclavizar y colonizar. Los grandes propietarios primero imponen sus valores y luego utilizan el sentimiento religioso de la población para conservar un sistema en que la mayoría es sacrificada en aras de la conservación del acaparamiento de la propiedad en manos de la élite. Para lograrlo, dictan normas que son tan estrictas e inhumanas que son impracticables; incluso los promotores del dogma religioso violan sus preceptos; pero mientras se mantengan alineados con los grandes intereses, serán impunes, dándose así una doble moral, en la que se predica una creencia religiosa y se vive una realidad muy distinta. En tal caso, las normas se usan sólo para castigar a quienes no se someten al poder dominante y para acostumbrar a la mayoría a aceptar el sentimiento perenne de culpa.

Así, los conservadores dicen defender la vida y la familia; en realidad, con las normas que dictan, buscan mantener a la mujer sujeta a una sociedad patriarcal, en la que ella no tiene poder de decisión ni siquiera sobre su propio cuerpo. En el fondo, al promover el matrimonio en el que no existe el divorcio, y las relaciones sexuales exclusivamente con fines reproductivos, buscan asegurar la acumulación de la propiedad privada y su concentración en manos de la élite; y al oponerse al matrimonio de los sacerdotes, buscan la acumulación de bienes en manos de la misma Iglesia, ya que los hijos engendrados por ellos son “ilegales” y no tienen derechos. Entonces, se llega a verdaderas aberraciones como la pederastia, ya que, si el sexo se practica criminalmente con niños, entonces no habrá problema de descendientes que exijan una herencia.

 (Continuará…)

SICmx

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