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“Es un pinche midevergas”

Escuché la palabra hasta hace pocos meses en una fiesta. “Es un pinche midevergas” dijo para referirse a un hombre con el que trabajaba. La frase resonó en mis oídos por varios minutos, después por varios días; en dos segundos escuché pronunciarse la palabra que sintetizaría mucho que yo hasta entonces no había podido explicar. Cuando un hombre está preocupado por proteger su masculinidad frágil, trata por distintos medios de mostrar su fuerza o su poder para dejar claro que es muy hombre, como un adolescente inseguro encerrado en el baño midiéndose el pene.

En un Estado patriarcal, personificado por hombres heterosexuales, blancos, cis y de clase alta, es necesario preguntar qué lógicas de masculinidad hegemónica se imprimen en las formas de hacer política. ¿Qué se espera de los gobiernos en sistemas atravesados por la violencia patriarcal, el racismo, la xenofobia, el catolicismo y el capitalismo? 

 Basta observar a la policía que “cuida” el Centro Histórico persiguiendo a lxs pobres, lxs indígenas, lxs no-blancos y lxs maricas para proteger su posición dominante. Quienes nos gobiernan usan los brazos armados del Estado para violentar todo lo que estructuralmente esté debajo de ellos y lograr que se mantenga así. Cuando hablan de riqueza cultural y diversidad se permite que los grupos vulnerables transiten en paz, pero solo cuando sus cuerpos son útiles al patriarcado, los políticos se toman fotos con ellxs que luego usarán en sus campañas. El gobierno es el macho heterosexual que odia a las mujeres, no le interesan, ni las respeta ni las escucha, pero igual tiene sexo con ellas por una vez, tal vez dos, y no las vuelve a llamar.

También están los proyectos gentrificadores que disfrazan de desarrollo y prometen con ellos sacar a los barrios de pobreza mientras lo que hacen es que sacar a los pobres del barrio. Quienes nos gobiernan dan la orden de talar los árboles en la madrugada, de construir un eje vial que la gente del barrio repudia y, en general, de usar el dinero público para lo que se les ocurra sin preguntarnos. El gobierno es el hombre que quiere colonizarlo todo y al ser educado con todos los privilegios nadie le dijo que no lo sabe todo, que no lo puede todo y que no decide por todos, encima se enoja si se le cuestiona. El gobierno es el padre que no admite reclamos ni preguntas, decidiendo sobre la vida del resto de los integrantes porque se considera la cabeza de la familia y en su casa manda él; estos padres golpean a sus hijos para que entiendan, el gobierno nos manda a la policía. 

Nuestros gobiernos ignoran las marchas, las movilizaciones, promueven discursos de odio, ignoran las denuncias por delitos de género y encubren los de sus colegas. Pero eso sí, el ocho de marzo asisten a todos los eventos que pueden y adornan las mesas con manteles rosas, otro día del año se cuelgan un listón rosa pastel en la solapa del saco y el diez de mayo suben fotos a redes sociales con sus mamás. Quienes nos gobiernan son el hombre que le pega a su mujer, pero en las fiestas familiares le dedica una canción, la invita a desayunar y ordena por ella.

Llevan años justificándose, nos dicen que son estrategias políticas, motivos políticos o adornan sus discursos con un montón de palabras rebuscadas para que nadie entienda, el gobierno es el adulto que infantiliza, ese que nos trató como si fuéramos tontxs durante nuestra infancia. El gobierno es ese señor que para no explicar lo que hace se escuda en que “son cosas de gente grande”. 

Si el actuar gubernamental nos recuerda a más de un macho violento y si se parecen tanto los gobiernos entre sí, resulta necesario reflexionar sobre las masculinidades hegemónicas y frágiles que votamos. Ni nuestras vidas ni nuestros cuerpos pueden seguir estando a merced de un montón de machitos peleándose por quién es el más poderoso, el más fuerte, el del miembro más grande; que ya no nos gobiernen los midevergas. No queremos guerras contra el narco en la que nadie gana y siempre perdemos nosotrxs, no más calles militarizadas, no más “estrategias” en las que mueren los nuestrxs y no más políticos hablándonos de esas muertes en cifras que no les significan nada. El patriarcado va a caer, hay que voltear a ver a las mujeres que hacen política desde otros lugares, identificar a las que lo están haciendo en otros países latinoamericanos y empezar a tomar espacios nosotras también; al patriarcado lo vamos a tirar también desde gobiernos feministas.

En opinión de Diana Laura Tapia Castillo.

SIC mx

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