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LA DERECHA RELIGIOSA. (Tercera y última parte)

Por: Pablo Moctezuma Barragán.

Hoy vivimos un período de transición, el mundo capitalista decadente se desmorona en medio de sus contradicciones. El viejo mundo está muriendo y generando destrucción, guerra, genocidios, ecocidio, pero no acaba de morir.

El nuevo mundo asoma, uno en el que todo el poderoso desarrollo tecnológico y científico lleve a la regeneración natural y social, a armonizar a los seres humanos entre sí y a estos con la naturaleza.

Estamos en un periodo de transición, la humanidad se dirige hacia una sociedad que elimine la explotación y la opresión de todo tipo. Los pueblos aprenden de sus experiencias y desarrollan su conciencia. Llega la hora de los pueblos.

Hay una conciencia social que hace que la gente busque alternativas. La derecha está intentando bloquear cualquier movimiento hacia el empoderamiento y el poder político del pueblo. Se esfuerza por obstruir cualquier atisbo de poder en manos de la clase trabajadora y el pueblo, atacando incluso la independencia de una nación.

Hoy, como nunca en la historia, se le están cayendo todas las máscaras a las potencias imperialistas y a las oligarquías en cada país. Las movilizaciones populares crecen en todo el mundo. La gente ve y entiende, por eso el peligro para los poderes dominantes es enorme y su única alternativa es la guerra.

La militarización, el genocidio, la guerra y la violencia cotidiana son armas para que los pueblos pierdan su propia perspectiva.  Este proceso incluye la guerra cognitiva, la mente humana se está considerando ahora como un nuevo dominio de la guerra.

Debido a su inconmensurable poder económico, y dado que son los que acaparan las riquezas del mundo, la ultraderecha desarrolla una permanente propaganda infiltrándose en la cultura y en las instituciones, y desarrollando el “ciberactivismo”. Las redes sociales son una de sus principales armas y nos bombardean incesantemente con sus noticias tendenciosas y escándalos para marearnos y confundirnos.

La clase trabajadora, con su visión y la fuerza que le da su posición en la sociedad, puede construir lo nuevo, porque la clase trabajadora y los pueblos son los creadores de la historia y pueden aprender de esa experiencia colectiva.

Por eso, las potencias imperialistas y las oligarquías, libran una batalla para desviar la atención de los grandes problemas sociales y su solución, bloqueando toda perspectiva de una sociedad que tenga en el centro al ser humano y a su bienestar.

Como seres humanos debemos tener una visión y una perspectiva humana, nutriendo nuestra vida como pueblo y nuestra relación con los demás pueblos. Somos seres sociales. Sin embargo, la derecha religiosa centra toda la atención en el individuo, en su vida íntima y sus creencias personales; como medio de control, busca imponer sus dogmas a la vida pública, para mantenerla intacta, juzgando la conducta individual de quienes representan el poder político y no su práctica social. Aun así, se protege a quien sirve al poder —aunque sea un pederasta— y se persigue solamente a quien resulta disfuncional según los intereses dominantes.

Se criminaliza las decisiones y la conducta íntima de las personas, para así tener en la mira a la población en general, y en lugar de enfocar la condena social en los grandes crímenes sociales, la dirige a las conductas privadas.

Para acostumbrar a la población a la sumisión, se genera una cultura del sufrimiento, del dolor, y de la negación al bienestar y al placer. La derecha dicta la idea de que el mundo es cual es y no puede ser cambiado, busca conservarlo.

El conservadurismo defendió el régimen feudal y se opuso al liberalismo y al capitalismo; en la actualidad, defiende al capitalismo salvaje y se opone al socialismo y al comunismo e impulsa el neoliberalismo y el neocolonialismo.

Así que la “derecha” no tiene un programa, simplemente defiende el poder dominante y busca conservarlo sin importar los costos. Hace siglo y medio defendía el sistema de haciendas, hoy en día defiende el sistema bancario, el sistema financiero internacional y a las grandes corporaciones capitalistas. Antes promovió el colonialismo, ahora el neocolonialismo. La derecha, como todo en la vida, también cambia y se moderniza, pero siempre es una fuerza conservadora reaccionaria. Busca el cambio solo para mantener los viejos privilegios y recuperarlos cuando los ha perdido; éstos son cambios regresivos que ellos presentan como “modernizaciones”. Su bandera es la “libertad”, la de las corporaciones para apoderarse de los recursos, explotar a la naturaleza y a las y los trabajadores.

La derecha religiosa impone sus intereses de manera autoritaria y violenta; para ello, se justifica con la idea de que así lo quiere Dios, por lo que las grandes injusticias son “naturales” y hay que aceptarlas, pensando siempre en un premio en la otra vida al sometimiento y la resignación.

Usa todos los métodos para suprimir a sus adversarios, ya sea que tengan otra religión o la misma. En cambio, desarrolla gran tolerancia con aquellos que practican distintas religiones y que no afectan sus intereses. Usa lo religioso nada más como una vía para justificar todas sus acciones, así sean las más amorales y que violen la misma doctrina que predican. No tiene ningún respeto por las constituciones ni las leyes, porque para ella “la ley de Dios” es el supremo mandamiento y la interpreta siempre a su favor y capricho. La derecha religiosa tiene una estructura vertical y jerárquica, enseña a obedecer sin chistar las indicaciones que vienen de “arriba”. Claro, siempre y cuando las reglas se apliquen en defensa de los intereses de los más poderosos; por ello, cuando una autoridad no le es funcional, esta es eliminada.

Asimismo, su pensamiento es profundamente misógino. Hay que recordar que, durante la época colonial, en Europa, se quemaron vivas a miles de mujeres que destacaban, se autoafirmaban o desarrollaban sus conocimientos, acusándolas de “brujas”; además de que se impuso una situación para la mujer de total sometimiento y marginación. Todavía en pleno siglo XX, todos los miembros que compusieron el primer Consejo Nacional del PAN fueron exclusivamente hombres. Uno de los objetivos centrales de las movilizaciones contra las leyes que despenalizan determinadas prácticas femeninas, es mantener esta discriminación de género.

Ante el avance de la causa de la mujer en el siglo XX, y el papel protagónico que está llamada a desempeñar en el siglo XXI, la derecha incluye a mujeres en las estructuras de gobierno, pero única y exclusivamente para poder imponer políticas y programas que afectan de manera directa y con mayor gravedad al género femenino.

El término “derecha” surge con la Revolución francesa, hace aproximadamente doscientos cincuenta años. Desde entonces, se ha utilizado para calificar a los sectores retrógrados y a una minoría que mantiene su poder y sus privilegios mediante todo tipo de divisiones entre la población, atizando diferencias relacionadas con la religión, la ideología, las preferencias políticas, el género, la orientación sexual, el color de piel, el origen nacional, la posición socioeconómica, etc. Una de esas divisiones es precisamente la polarización entre derecha e izquierda, aun cuando, como hemos visto, los programas tanto de la derecha como de la izquierda son tremendamente variables.

Por ello, utilizar la división entre derecha e izquierda no es lo más riguroso. Sería preferible emplear términos como “fuerzas retrógradas”, “reaccionarias”, “conservadoras”, “fascistas” o “contrarrevolucionarias” para referirse a quienes defienden a la minoría privilegiada, y “fuerzas progresistas” o “avanzadas” para quienes representan los intereses de la mayoría. Sin embargo, dado que el término “derecha” es más familiar en el debate público, lo utilizo en este y otros textos.

Por otra parte, como he explicado, tras la imposición de un dogma religioso se esconden objetivos de carácter económico y político, más que espirituales; por ello, hablar de “derecha religiosa” tampoco es del todo exacto. Sin embargo, dado que es la denominación más difundida, también utilizaré este término. Lo que está debajo de esta denominación, son élites que buscan imponer determinados valores con el propósito de defender sus privilegios, utilizando incluso la religión para ejercer y justificar la violencia.

En el siglo XX han surgido varios movimientos de este tipo, como la Unión Nacional Sinarquista (UNS), Los Tecos y el MURO. Posteriormente se fundó el Partido Demócrata Mexicano (PDM, de raíz sinarquista).

En la actualidad, las fuerzas retrógradas están representadas por Eduardo Verástegui, fundador del Movimiento Viva México y organizador en México de la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), ligado a Trump y a Vox en España; por Rodrigo Iván Cortés, presidente del Frente Nacional por la Familia (FNF); por Gilberto Lozano, del Frente Nacional Anti-AMLO (FRENAA). Hay organizaciones como El Yunque y la Red Familia. El líder histórico más visible de la derecha religiosa en torno a la 4T es Hugo Éric Flores Cervantes, fundador del Partido Encuentro Social (PES) y del posterior Partido Encuentro Solidario, organizaciones políticas de base evangélica y cristiana protestante que se distinguen por su defensa del sionismo; tras perder el registro nacional del PES, se integró a la bancada parlamentaria de Morena como diputado federal. Siempre ha defendido principios neoconservadores. Desde luego, dentro del Partido Acción Nacional existen núcleos sionistas y de ultraderecha, no han tenido gran incidencia en la vida política, por el momento, pero siguen trabajando e influyendo en sectores de la sociedad.

En Estados Unidos, la derecha religiosa promueve la lucha por el control mundial, el monopolio de los recursos energéticos y el negocio armamentista bajo el manto de la lucha por la democracia y la libertad, también, veladamente, la lucha del cristianismo contra el islamismo y desde luego contra el comunismo.

En realidad, buscan sostener su imperio sobre la base de la guerra y la violencia. Su fuerza propagandista es muy amplia y compite con la Iglesia católica y el Vaticano. En Estados Unidos se capta el 80 % de los recursos de las iglesias cristianas y el 90 % del dinero se dedica a la evangelización. La derecha religiosa estadounidense y la mexicana —aunque tengan cultos distintos: protestantes y católicos, que en el pasado se han enfrentado incluso de manera violenta— están hoy íntimamente unidas en el afán de subordinar aún más a nuestro país a los intereses estratégicos de Estados Unidos. También se unen abiertamente al sionismo, y apoyan el genocidio de Israel contra los palestinos y sus ataques a todos los países vecinos. Una vez más se ve claramente que luchan por el poder y el dinero, no por las creencias religiosas que dicen tener.

Sin embargo, hay que mencionar que también se está dando la unión de los trabajadores de ambos pueblos para defender sus intereses, comenzando a florecer la solidaridad internacional; asimismo, en la lucha de los migrantes para no ser criminalizados están involucrados elementos de base de las iglesias ligadas a las causas del pueblo.

Hoy por hoy, es vital el rescate de la soberanía popular y nacional. La lucha por el reconocimiento de todos los derechos para todos se logrará gracias a un proceso de unidad, que implica poner el interés general y el de cada persona por encima de divisiones de carácter religioso, ideológico, color de piel, género, preferencia sexual, edad, etc. Sólo respetando las creencias de cada individuo y sus opciones de vida, sin imposiciones de ninguna clase, podrá lograrse una sociedad armónica que promueva el bienestar de todas las personas, respetando los intereses individuales y los intereses colectivos de los pueblos teniendo el derecho a ser ellos, en primer lugar, quienes disfruten de los recursos de su país y de las riquezas que genere su trabajo.

La división es la condición para que los poderosos imperen. La cuestión religiosa no debe ser más factor de división. El respeto a los derechos de todos servirá como cimiento para construir colectivos que generen la unión y la fuerza para construir la soberanía nacional y popular, que es la tarea actual en México.

En las páginas abiertas del siglo XXI escribiremos nuevos episodios que continúen la lucha secular de nuestros grandes héroes que rompieron con viejos dogmas para abrirle paso a la historia, que es, ante todo, la de la lucha de los pueblos por su soberanía.  Muchos de estos héroes practicaban su religión, pero lo hacían de cara al amor a su pueblo y a su tierra, a la búsqueda de justicia y de derechos para todas y todos.

En este período de transición, nuestra tarea es romper los obstáculos de la contrarrevolución para lograr una sociedad de paz y justicia, con gran desarrollo material y espiritual.

SICmx

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