La Caja de PandoraOpiniónzDestacado

Nosotros los buenos, ustedes los malos

Querétaro, Qro., a 10 de febrero de 2020 – Escuchamos en la radio que se descubren delitos de ex gobernador N: desvío de recursos, corrupción, nepotismo, lavado de dinero, entre otros. Lo buscamos en los periódicos pero no vemos la noticia junto a las de otros delitos, está en las páginas que hablan de política, cerca de las de negocios; así no parece delito. El ex gobernador N niega haber incurrido en tales prácticas, seguimos hojeando y leemos que sus colegas de partido hablan con la prensa para defenderse de los señalamientos propios. Seguimos hojeando y más adelante aparece la foto de un hombre tirado, muerto en la banqueta sobre un charco de sangre y los ojos aún abiertos; los primeros son acusados de robar millones de pesos de dinero público, en el segundo caso, según el título de la noticia, el hombre era narcotraficante.

El ex gobernador N y los miembros de su partido seguramente seguirán contendiendo para puestos de elección, olvidaremos el escándalo y en la siguiente campaña hasta podrán hablar de honestidad y valores cristianos. Sin embargo, en el segundo caso no tendremos piedad, pensaremos que el hombre que yace muerto en el asfalto se lo merece por andar en “malos pasos”, estaríamos de acuerdo si alguien propusiera cortarle las extremidades, todo el peso de la ley, penas más duras, castigos más fuertes. Nos invadirá cierta satisfacción que no nos esforzaremos en ocultar, después de todo para eso queríamos más policías y la presencia del ejército, para que haya menos sicarios, delincuentes y “gente mala” en nuestras ciudades.

Así de fácil, de dicotómico, de un lado estamos nosotrxs la gente que trabaja y aguanta con entusiasmo la explotación y las violencias cotidianas y luego están ellxs, a quienes les gusta la vida fácil; porque, claro, debe ser muy cómodo crecer en la pobreza, es muy sencillo ser víctima de trata, no es doloroso aceptar que tu vida no vale nada y que puedes terminar tiradx en la banqueta sin que nadie reclame. A ellxs que los persiga la policía, que les amedrente, que sea el ejército quien se haga cargo y no importa a cuántxs maten: unx menos.

Entendemos los delitos de forma estricta: se es víctima o se es victimario, la victima es solo víctima y el victimario es solo victimario y si se es victimario no se puede ser también víctima. No responsabilizamos al Estado y a los medios por reproducir sin descanso discursos violentos, masculinidades tóxicas, dinámicas de competencia voraces, discriminación, racismo, clasismo, machismo, ideas de felicidad, éxito y completud ligadas al consumo y al exceso.

Todxs crecimos anhelando lo mismo: dinero, lujos, viajes, una casa más grande, poder sobre otrxs, importancia en el trabajo y pertenencia a un grupo. Todxs quisimos eso que nos dijeron que debíamos tener para ser importantes, todxs siempre quisimos ser importantes. Sabemos que quienes delinquen, especialmente los hombres que delinquen, no son enfermos ni todos presentan graves anomalías, son los hijos sanos del patriarcado y el capitalismo, como tales responden a sus exigencias. Son victimarios y también víctimas del sistema y del Estado, somos sus víctimas y también ellos las nuestras pero están en posiciones tan vulnerables que son a quienes señalan los políticos cuando quieren hablar de criminalidad.

Cuando el ex gobernador N habla de inseguridad se refiere a los feminicidios, a los secuestros, al narco, a la gente que arrebata bolsos a señoras en el centro pero no nos dice nada de la inseguridad que él y sus colegas generan; no menciona que los millones que se robó equivalen al costo de un hospital o a que millones de familias tengan qué comer durante un año. No dice que debemos temer a él, que no hará nada cuando denunciemos a una compañera asesinada, ni asistirá a los foros, ni responderá cuestionamientos, menos mirará por la ventana a las madres manifestándose frente a las oficinas de gobierno.

Si se continúa con estrategias de violencia, represión y miedo aún cuando hemos visto que no contribuyen a la paz en nuestras colonias y barrios es porque su función no es esa. No funcionan porque, en el fondo, no interesa que funcionen.

Por tanto, la principal estrategia de castigo es el desarrollo de un tipo de gobierno que conduce comportamientos estableciendo límites jerárquicos entre ciudadanía y delincuente con fines simbólicos y expresivos; la existencia del gobierno que tiene como eje central la penalidad permite que funcionen otras estrategias de castigo que a su vez legitiman el funcionamiento de la institución.

Es necesario reflexionar respecto a lo que entendemos como inseguridad, a quien responsabilizamos de ella, cómo culpamos y qué formas de castigo ejercemos. El castigo tiene que ser en las elecciones, empezar con nuestros votos, replanteando la división ellos-nosotros. Si contribuye seguir pensándonos en esta división es para entender que la inseguridad civil y social que sufrimos las clases pobres y trabajadoras es producto de la desigualdad económica. Si hay un “ellos” y “nosotrxs”, ellos serían quienes ignoran nuestras demandas y contribuyen conscientemente a la precariedad de nosotrxs, que somos quienes desde abajo seguimos peleándonos las migajas que dejan caer. Re-pensemos estas dinámicas; no hay vida fácil en la pobreza y lxs que se enriquecen a partir de la injusticia social no pertenecen a un “nosotrxs”.

En opinión de Diana Laura Tapia Castillo.

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