Vasallaje y modernización colonial del TLC entre México y la Unión Europea, seguirá profundizando asimetrías salariales y de ingresos

Por: Andrés Peñaloza Méndez.
México tiene un producto interno bruto (PIB) per cápita de 26,058.2 dólares; equivalente al 40%, del registrado para la zona euro (20 países) de 65,855.6 dólares, el cual es mayor en 2,522.2, al reportado para los 27 países de la Unión Europea.
Nuestro país tendría que crecer un 52% su PIB per cápita (13,455.4 dólares) para aproximarse al 60%, porcentaje aceptable para acortar asimetrías; o, multiplicarse 2.53 para igualarse al indicador europeo.
Al paso de 25 años del Acuerdo de Asociación Económica, Concertación Política y Cooperación (Acuerdo Global) entre México y la Unión Europea, en vigor desde el año 2000, cuyo componente central, es el apartado comercial, en rigor un Tratado de Libre Comercio (TLCUEM), ha demostrado que las brechas en las métricas de ingresos y salariales, se han mantenido invariables e incluso a ensancharse (ver cuadro 1).

Los salarios anuales promedio entre la Unión Europea y México, para el periodo 2020 al 2023, denotan las profundas asimetrías y el rezago de nuestro país respecto a los socios europeos.
En el cuadro 2 se hace notar la manera, porcentual y en números absolutos, las brechas salariales.
Salvo con Italia y Grecia, donde se retrocedió marginalmente: pasa de 150 a 139% (de 30,266 a 28,400 dólares) y de 63 al 48% (de 12,666 a 9,763 dólares), respectivamente, se puede apreciar las considerables asimetrías salariales de México con todos los países de la Unión Europea.
En la mayoría de los casos las brechas tienden a profundizarse. Ocurre con Luxemburgo, de una diferencia de 252 pasa a 336% (de 51,045 a 69,293 dólares). Con Alemania, se acrecienta de 183 a 221% (de 37,008 a 45,245 dólares); con Francia, de 146 a 189% (de 29,504 a 38,612 dólares) y con España, de 142 a 151% (de 28,686 a 30,862 dólares). Con la República Checa la asimetría se abre: de apenas una décima parte se dispara al 83% (de 2,206 a 16,891 dólares).

Sobresale, la remontada remunerativa observada en los países de Europa del este. Cinco de ellos (Eslovaquia, Hungría, Lituania, Estonia y Letonia), tenían salarios inferiores al mexicano en el 2000 (-2; -3, -8, -21 y -29%, respectivamente) pero 23 años después, la situación de invierte: los salarios son superiores en 55% para Eslovaquia y Hungría. Se eleva con Lituania, 139%; con Estonia y Letonia superan en 83 y 89% el salario promedio anual mexicano.
Ganamos menos e incrementamos las horas trabajadas
En el cuadro 3 se registran las horas trabajadas al año por persona de acuerdo con datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE).
En el periodo analizado, 2000-2023, el único país que, en lugar de reducir las horas trabajadas, las incremento, fue México (52 horas adicionales).
Grecia es el país de la Unión Europea donde más horas se trabaja al año por persona: 1,886; o sea, 340 horas menos que en México (2,226 horas). Con Alemania (1,347 horas) la diferencia es mucho mayor, 879 horas menos.
Con Eslovaquia, Hungría, Lituania, Estonia y Letonia, los cinco países con salarios inferiores al mexicano pero que ahora, trabajando menos, nos superan con creces, las diferencias en horas trabajadas son significativas: 604, 535, 602, 456 y 673, respectivamente.
Con Francia, país que desde el 2000 cuenta con una jornada de 35 horas a la semana, la brecha se traduce en 725 horas y además ganan 38,613 dólares más que en nuestro país.
Con España, la diferencia es de 574 horas. Y serán mayores cuando se avance en instrumentar para el 2026 el Anteproyecto de Ley aprobado el 4 de enero de 2025 por el Consejo de Ministros que contiene la reducción de la jornada laboral a 37,5 horas. Cabe recordar que en el país ibérico la jornada laboral de 40 horas semanal está vigente desde 1983.
En la Unión Europea la media se estima en 36,1 horas semanales de trabajo, pero las discusiones a la baja se mantienen para colocarlas en 35 horas, como sucede en Francia a vuelta de siglo.
Es decir, de cumplirse el compromiso presidencial de llegar a una jornada laboral de 40 horas hacia el 2030 la burguesía mexicana estaría ubicando la jornada de trabajo al nivel conquistado por el Frente Popular francés desde 1936 o 47 años después de la medida adoptada por el gobierno español en la llamada transición democrática post franquista.
Hay que recordar que para los franceses el año de 1936 marca el surgimiento de una política pública del ocio asociado a la seguridad social. Un eje de los acuerdos Matignon entre gobierno y agrupaciones sindicales en la década de los treinta del siglo pasado fueron las diversiones. Entre los aspectos convenidos estuvo la reducción del tiempo de trabajo; vacaciones pagadas de doce días laborables (en la actualidad son 30 días), tarifas especiales en viajes por ferrocarril, entre otras.
Las masivas protestas sindicales del 1º. de mayo de 2023 con la participación de 2 millones 300 mil personas en diversas ciudades francesas, para oponerse a la reforma que añade dos años más a la edad de jubilación (pasa de 62 a 64 años), cuestionan la “lógica de individualización que socava la solidaridad y la justicia social», a decir de voceros de la longeva Confederación General del Trabajo, fundada el 23 de septiembre de 1895, una de las tantas agrupaciones sindicales movilizadas ese año, denunciaron que con esta reforma se vuelve “a lo que sabían nuestros mayores, es decir, que después del trabajo viene el cementerio”. Toda vez que “una cuarta parte de los hombres más pobres mueren antes de los 62 años”.
En nuestro país, en 1997 se modificó la Ley del Seguro Social para establecer en 65 años la edad para solicitar la jubilación o pensión. ¿Sabe usted cuántas personas empobrecidas mueren antes de los 65 años en México? ¿Se ha preguntado cuántos trabajadores y trabajadoras carecen de una jubilación? ¿Durante su vida laboral habrán tenido oportunidad de percibir un salario suficiente y de disponer de tiempo libre para un desarrollo humano digno?
En México, cuatro quintas partes de la fuerza de trabajo ocupada, no cuenta con los ingresos laborales suficientes para vivir decentemente; ello explica, en gran parte el que el 24.4% de la población ocupada (14 millones 374 mil 803) labora más allá de la anacrónica jornada, establecida desde 1917, de 48 horas.

Por lo expuesto, debe demandarse que los aspectos laborales, particularmente, salariales, jornadas de trabajo, seguridad social y democracia sindical, entre otros, deben ser parte de los acuerdos comerciales y de inversiones, hoy dominados por una férrea agenda corporativa.
En enero de 2025 la Comisión Europea en un comunicado informó que concluían las negociaciones para modernizar el Acuerdo Global entre los 27 países de la Unión Europea y México, iniciadas en 2016. La expectativa es “impulsar sustancialmente” el comercio que alcanzó los 82,000 millones de euros en el intercambio de bienes en 2023 y los 22,000 millones en el comercio de servicios en 2022, haciendo de México en el segundo socio comercial europeo en Latinoamérica.
“Los exportadores europeos ganarán nuevas oportunidades comerciales, incluyendo nuestros agricultores y empresas agroalimentarias. Este histórico acuerdo demuestra que un comercio abierto, basado en reglas, puede proporcionar prosperidad y seguridad económica, así como acción climática y desarrollo sostenible”, celebró la presidenta del Ejecutivo comunitario, Ursula von der Leyen.
También el Parlamento Europeo alabó la modernización del Acuerdo Global que podría estirar las exportaciones europeas a México en un 75%, ahorrar 100 millones de euros en aranceles a las empresas europeas, dar acceso a estas a las licitaciones públicas mexicanas e incluye, por primera vez, una cláusula anticorrupción.
En casi una década de negociación, llevadas a cabo bajo tres administraciones diferentes (Peña Nieto, López Obrador y Sheinbaum), la información sobre el TLCUEM, corazón del Acuerdo Global, estuvo sustraída de la agenda pública.
Las negociaciones con los europeos estuvieron lejos de atraer los reflectores cuando el Tratado de Libre Comercio México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) se negociaba.
Situación análoga sucede en la actualidad donde la prioridad está enfocada en la revisión, en rigor, renegociación del T-MEC; manteniendo a un numeroso contingente de funcionarios mexicanos viajando constantemente a Washington, D.C., para acordar excepciones en la aplicación de aranceles anunciados por Donald Trump y salvar al T-MEC, no obstante estar en el centro de muchos de nuestros problemas.
A mi juicio, la prioridad del Estado mexicano, en estos momentos, es la búsqueda de opciones internas sustentables, cooperativas y comunitarias (ausentes en el mal llamado Plan México encargado a los grupos monopolistas beneficiados del neoliberalismo).
De igual manera, acordar nuevas opciones multilaterales, para reducir la dependencia estructural con los Estados Unidos, distribuyendo equitativamente nuestros vínculos con el exterior, necesidad urgente para la independencia y el desarrollo nacional.
Existen condiciones globales inmejorables para dosificar, en un tiempo relativamente corto, en tres partes nuestras relaciones internacionales. Reducir de un 80% a una tercera parte los intercambios hacia Norteamérica. Volcarse hacia América Latina y el Caribe y la restante tercera parte en latitudes intercontinentales, no sólo europeas.
La opacidad en el discurrir de las negociaciones para modernizar el Acuerdo Global, nos obliga a mantener las siguientes interrogantes: ¿Está el tema laboral incluido en las negociaciones con los europeos? De ser el caso ¿abordan disposiciones para mejorar los salarios y dignificar las condiciones de trabajo en ambas partes, particularmente, en México?
¿O dejarán el tema para que los mercados por sí mismos nos conduzcan al paraíso del bienestar laboral compartido?
La evidencia es contundente, el libre mercado regida por la agenda corporativa, sin regulaciones y compromisos reales de respeto a los derechos humanos laborales, deprime salarios e ingresos y extiende la precarización.
SIC mx



