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Guía de cuidado frente al amor romántico

Querétaro, Qro., a 17 de febrero de 2020 – Me recuerdo de niña, tenía seis o siete años, recibía un regaño y mientras lloraba con la cabeza mirando al suelo, escuché: “Quien te quiere te hará sufrir”. Las palabras se le deslizaron de entre los labios con tono tierno, intentaba decirme que no quería lastimarme pero que el sufrimiento era parte del amor. Después me pasa en la escuela cuando uno de mis compañeros me molestaba y pedí ayuda a la maestra, “lo que pasa es que le gustas y no sabe cómo llamar tu atención”. Otro día escuché que del odio al amor había solo un paso y cuando pregunté cuál, me dijeron que era el matrimonio. Leí todos los cuentos de princesas posibles, ví todas las películas románticas que pude, escuché con atención tantas canciones de amor y sufrimiento que no puedo imaginar un número tan grande para contarlas. Crecí como cualquier niña educada en el patriarcado heteronormado y como tal, asumí como verdades las siguientes afirmaciones:

  1. El amor lo puede todo. Salva a los hombres de sí mismos, convierte a bestias en príncipes, cambia hasta a los peores varones. El amor de pareja posee un poder transformador casi mágico, los hombres no necesitan hacerse cargo de su salud emocional ni mental porque llegará la mujer indicada y su cariño lo hará rehabilitarse.
  2. La soltería es el espacio que las personas tienen entre una relación y otra, no es una forma de vivir el amor. Nadie elige ser soltero para siempre, la soltería es dolorosa e insoportable y tal vez algunas mujeres se diviertan en esa etapa pero ninguna quiere quedarse en ella toda su vida. Todas las mujeres aspiramos a una relación formal con un hombre porque todas queremos encontrar el amor.
  3. Los hombres son torpes emocionalmente. Demuestran su amor protegiéndonos, son territoriales y nos celan, se sienten inseguros si salimos con otras personas, les cuesta decir que nos aman, les da miedo el compromiso y ante todo esto las mujeres debemos ser comprensivas.

Así crecimos y comenzamos a vincularnos afectivamente. Desde los primeros noviazgos de secundaria la pasamos mal, todas sufrimos por alguien que no respondìa mensajes, no dejaba claro què querìa o nos dejó para estar con otra persona. Me di cuenta que no era que nosotras no entendiéramos el juego de las relaciones sexoafectivas sino que la cancha estaba en desnivel, inclinada para favorecer al otro equipo. Es como jugar en una colina con nuestra portería en la parte baja resguardada por un portero inexperto y blandengue, no hay manera de ganar. Sin embargo, todas conocemos a una mujer que dice que alguna vez anotó, tal vez una entre cada cien nos cuenta su experiencia y, aunque nunca la vimos, nos hace creer en la posibilidad; a pesar de estar agotadas seguimos corriendo de extremo a extremo del campo y pensamos que tal vez necesitamos aprender a jugar como ellos. Lo hemos intentado todo pero las estrategias son incompatibles: hay que ser accesible pero no fácil, con carácter pero no complicada, cariñosa pero cuidando que no se asusten. Desde las gradas, las jugadoras mayores ya retiradas nos gritan consejos y escuchamos un enérgico “¡así no!” cada que cambiamos la jugada. El premio por el que jugamos es el amor de pareja, romántico y perfecto, nos lo han contado toda la vida y crecimos deseándolo pero estamos agotadas. Nos reunimos en equipo y muchas estamos de acuerdo: si el amor de pareja duele y cansa, no lo queremos. Hemos iniciado un proceso de de-construcción y al cuestionar el amor romántico nos dimos cuenta de que necesitamos cuidarnos de él más que perseguirlo, por eso rescato algunas medidas que han surgido de lecturas, pláticas con amigas, terapia, círculos de mujeres y otros espacios de acompañamiento. Aprovechando que el furor de San Valentín pasó, comparto algunas estrategias de autocuidado frente el amor romántico.

  1. Abandona el mito: el amor no lo puede todo. No vas a salvar a tu pareja, no somos sus madres ni su centro de rehabilitación y ellos tienen que hacerse cargo de sí mismos. Si tu pareja sabe que tiene problemas y no se atiende, es irresponsable que continúe vinculándose sexoafectivamente en esas condiciones. Basta de justificar su torpeza emocional, no es parte de su naturaleza ser inmaduros o distraídos…lo son porque es tal su posición de privilegio que no acostumbran voltear a ver las necesidades o sentimientos de quienes les rodean.
  2. No desvalorices lo que sientes, no exageras. No caigas en los engaños de los libros de autoayuda que tratan los afectos e inseguridades como problema individual, el daño de tanta construcción romántica e idealización amorosa es colectivo; todas pasamos por lo mismo. El problema no eres tú, todas sufrimos lo injusto del sistema patriarcal; lo personal es político. Si sientes frustración por tus relaciones pasadas, es entendible. Si desconfías de las personas porque te han lastimado antes, es normal. Si estás molesta porque sabes que es complicado relacionarnos sexoafectivamente con hombres en este contexto, tienes razón.
  3. Teje redes de apoyo y de amor. Intentemos no reservar todo nuestro tiempo, amor y energía para nuestras parejas, por eso sufrimos tanto cuando nuestras relaciones terminan: estamos apostando todo. El amor por amigues, familia y compañeres de lucha también es importante y tejer redes de apoyo con elles es una forma de cuidarnos. Además, ya va siendo hora de aceptar que a todas nos atrae más de una persona y no está mal querer tener más de una pareja; no eres infiel por desear, empecemos a pensar en modelos relacionales que no impliquen sacrificio.
  4. Ahorra. La estabilidad económica es importante si queremos vincularnos desde la libertad, no somos libres si estamos con alguien porque dependemos de él económicamente. El ahorro del que hablo implica guardar algo de dinero por si el mes que viene decides que ya no quieres vivir con tu novio o para lo que sea que pueda presentarse, es para que te sientas libre de moverte cuando lo necesites.
  5. Cuestiónate el amor. Dale vueltas al asunto, piensa si te viene bien una relación monógama y heterosexual o si buscas otra cosa. Si no sabemos lo que queremos, aceptaremos lo que venga y eso nos pone en riesgo. No te involucres porque sí, sé que la presión social es fuerte y constantemente se nos invita a estar emparejadas, pero intenta hacerlo cuando te sientas segura y puedas confiar.

La intención de dejar estas recomendaciones probadas y comentadas entre amigas es que nos cuidemos entre todas para que el amor nos deje de doler y también para que politicemos los afectos y podamos observar nuestras relaciones desde otros lugares. Mi deseo de anti-San Valentín es que todas abandonemos a nuestros machos, a todos, pero especialmente a los que dejamos entrar a los espacios más profundos y con quienes compartimos los sentires más íntimos. Deseo también que se nos deje de culpar por lo que hacen nuestras parejas, la culpa no es de las mujeres por relacionarnos con hombres violentos sino de ellos por violentar; ni Ingrid Escamilla ni Marlene Fernanda son culpables por lo que les hicieron sus parejas, la culpa es de sus feminicidas. Nos estamos cuidando, compañeras, pero este país es macho y cruel con las mujeres dentro y fuera de nuestros hogares: si nos pasa algo, culpemos al Estado que nos ignora o a los medios que hacen apología de la violencia, pero nunca a nosotras. Compartamos con las amigas e imaginemos nuevas formas de resistir.

En opinión de Diana Laura Tapia Castillo

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