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El modelo edulcorado de continuidad neoliberal, incapaz de brindar opciones de vida digna a la juventud y a las mujeres.

Por: Andrés Peñaloza Méndez.

En el México de hoy se reportan más de 128 mil personas desaparecidas.

La mayoría de casos se registra en el ámbito juvenil, de los 15 a 29 años, donde se concentra el 43%. La niñez, no escapa de esta lacerante realidad: 8,529 (7%). Es decir, en la esfera poblacional donde descansa el futuro del país.

La multiplicación reciente de programas sociales para atender a la niñez y juventud mexicana, además de ser presupuestalmente insuficiente, su manejo clientelar, impide constituirse en una opción real de sano desarrollo.

La atadura a la normatividad y la vigencia de políticas neoliberales: estructura fiscal regresiva, pérdida de control soberano del mercado financiero y monetario, liberalización comercial en beneficio de monopolios y transnacionales e incapacidad de ejecutar una política industrial y de innovación tecnológica propia y una política laboral no subordinada al capital, entre otros, son escollos para garantizar un futuro de vida feliz y sustentable a las nuevas generaciones.

Para este segmento de la población, un presente de precariedad y un futuro incierto.

De los 25 a los 64 años, años de actividad laboral más intensa hasta la edad para obtener la pensión por vejez se concentra el 62% del registro de personas desaparecidas. Este dato, revela que el mercado laboral del país reduce posibilidades de inserción y de fuentes de trabajo decentes que desincentiven involucrarse directa o indirectamente, voluntaria o involuntariamente en actividades ilícitas.

Del total de personas desaparecidas, 29,258 son mujeres (22.85%) y en su mayoría jóvenes. Quienes mayormente exigen su aparición son las madres buscadoras, mujeres que cuyo dolor (por la ausencia del ser querido y del Estado cómplice y omiso) incansablemente nos interpelan con su búsqueda aun a riesgo de sus vidas.

Mercado de trabajo, excluye y precariza a jóvenes y mujeres

En México había 30.4 millones de personas jóvenes (de 15 a 29 años), el 23.3 % del total de la población (130.4 millones): 51.0% correspondió a mujeres y 49.0%, a hombres. Según su edad, 37.0% tenía de 15 a 19 años; 33.1%, de 20 a 24 años y 29.9%, de 25 a 29 años.

De los 60.5 millones de la Población Económicamente Activa, 15.9 millones eran jóvenes; el 26.3%. De los cuales el 60.4% eran varones y 39.6% mujeres.

Las opciones laborales para la juventud son más reducidas y precarias. La tasa de desocupación general se ubicó en 2.5 % de la PEA, mientras que entre las personas jóvenes fue de 4.8%. La informalidad laboral cubría al 54.3% de la población general, pero entre los jóvenes era mayor: 58.8%. 

Jóvenes fuera del mercado laboral

La población no económicamente activa (PNEA), ascendía a 41.8 millones, 34.7% eran jóvenes. Aquí la relación hombres-mujeres, se invierte respecto a la PEA: el 63.4% era mujer y 36.6%, hombre.

Por grupos de edad la PNEA se distribuía de la siguiente manera: 56.2% contaba con 15 a 19 años; 28.4%, de 20 a 24 años y 15.4%, de 25 a 29 años. En cuanto a su escolaridad, 39.8 % contaba con educación básica; 39.0 %, con educación media superior; 20.0 %, con educación superior y 1.1 % carecía de instrucción formal.

De los 14.5 millones de jóvenes en la PNEA, el 14.1% estaba disponible para trabajar.

Las actividades realizadas por las mujeres jóvenes ubicadas en la PNEA: estudiantes, 54.6%;; en quehaceres domésticos, el 42.7%; en la prestación de servicios de cuidado a familiares o enfermos en el hogar u otras actividades, 2.0%; con incapacidad permanente, 0.8%. El 72.5 % no tenía hijas o hijos; 14.9% contaba con uno; 9.1%, con dos y 3.6%, con tres o más.

En el caso de los hombres, 82.5% estudiaba; 8.2% realizaba quehaceres domésticos; 7.2% estaba involucrado en otras actividades y 2.2% padecía alguna limitación física o mental permanente que le impedía trabajar.

Las brechas laborales de género siguen presentes en el mundo del trabajo juvenil y de las mujeres, de manera acuciante.

El pronunciamiento del 8 de marzo de 2026 de la Comisión de Mujeres del Frente Nacional por las 40 Horas es contundente al respecto:

“Hoy llegamos a esta marcha con indignación ante el engaño y la instrumentalización de la lucha por la clase trabajadora. Nuestra exigencia histórica fue clara para el gobierno: la reducción inmediata de la jornada laboral a 40 horas semanales con dos días de descanso inmediatos, garantizados en la ley; una reforma que habría mejorado significativamente la calidad de vida de las mujeres y de toda la clase trabajadora. Ahora, más de dos años de nuestra lucha por la justicia y la dignidad laboral han sido cooptados por el poder político, convirtiendo nuestra exigencia en una deformación que no hace justicia a la clase trabajadora e incluso retrocede en derechos conquistados. Sin embargo, esto no aplacará nuestra voz ni nuestras demandas en medio de la actual crisis global.”

Observan “el resurgimiento de fascismos con líderes autoritarios, millonarios, criminales y pederastas; la continuidad del imperialismo estadounidense (…) guerras sin sentido que cobran miles de vidas y arrebatan el futuro de generaciones enteras.”

Denuncian que “En todos estos escenarios, las mujeres, las niñas, las jóvenes y los cuerpos feminizados somos quienes cargamos con las peores consecuencias: la explotación del trabajo, el desplazamiento, la pobreza, la violencia sexual, la colonización permanente de nuestros cuerpos y territorios, muchas veces hasta la muerte. Son momentos de reacomodo de la geopolítica internacional que redefinen los equilibrios de poder, pero que continúan sosteniéndose sobre las mismas estructuras de desigualdad, explotación y despojo que históricamente han recaído sobre nuestros pueblos y nuestra capacidad de sostener la vida.”

Critican que “En las últimas décadas, una ola de feminismo blanqueado, eurocentrista, capitalista y racista ha cooptado nuestras luchas para limpiar su imagen, abriendo espacio a discursos y narrativas burguesas sobre lo que es o no el trabajo de las mujeres. Por ello, y ante la coyuntura más amplia que atravesamos este año, es imperante recordar que esta también es una lucha de clases, donde las mujeres obreras han puesto sus cuerpas en la búsqueda de trabajos y existencias plenas.”

Señalan que “Frente a la avanzada del fascismo, la precarización global y la ofensiva contra los derechos laborales, la organización de las mujeres trabajadoras es una de las herramientas más poderosas para frenar esta ofensiva y construir un horizonte de otros mundos posibles para todas.”

Exhortan “a todas las mujeres trabajadoras y a todas las mujeres obreras a reconocer que sobre nuestras cuerpas recae de manera desproporcionada la explotación laboral, la sobrecarga de cuidados y la violencia estructural del patriarcado y el capitalismo. Es precisamente esta posición la que nos coloca en el centro de la reproducción de la vida y del trabajo, y la que nos otorga una fuerza colectiva que no puede ser ignorada.”

“La organización colectiva de las mujeres obreras no es solo una forma de resistencia: es una vía concreta para disputar la distribución de la riqueza y avanzar hacia la justicia social. Nuestra fuerza no es simbólica; es material, política y transformadora”, rematan.

Vivimos tiempos que nos impone una mayor praxis revolucionaria. En particular, las juventudes comunistas tienen el desafío de vincularse con las numerosas y diversas luchas de la clase trabajadora frente al capital, en su decadente fase monopolista y financiera; de exportación de capitales, mayormente especulativos y de origen ilícito; de alianzas y asociaciones transnacionales para el reparto de mercados y del despojo y explotación territorial y de recursos mediante la guerra y el terrorismo de Estado emprendida por las potencias capitalistas, encabezadas peligrosamente por el sionismo y el imperialismo yanqui.

SIC mx

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