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Homenaje al camarada Carlos López Torres: “Toda una referencia para la lucha social y de la izquierda en San Luis Potosí”

Por: Andrés Peñaloza Méndez.

El pasado sábado 31 de enero de 2025, en El Rinoceronte enamorado, bello espacio escénico, ubicado en la calle Carlos Tovar 315, centro histórico de San Luis Potosí, se hizo un recuento histórico y gráfico del camarada Carlos López Torres, dedicado a la lucha social y política, a lo largo de siete décadas dentro de sus 86 años.

En el homenaje mencionado fueron múltiples los testimonios que dan cuenta de cómo este maestro de educación especial, expande su magisterio más allá de las aulas, tornándose a lo largo del tiempo en formador de generaciones de cuadros políticos y sociales de la izquierda potosina.

Nació en 1940 en Saltillo, Coahuila. Opta por el magisterio. Viaja a la ciudad de México en busca de trabajo, es contratado y enviado junto con otros cinco maestros a una escuela de Azcapotzalco. En entrevista[1] evoca esos años: “Cuando llegamos afuera de la escuela estaba la manifestación de padres de familia, nos reciben a mentadas de madre, gritándonos esquiroles, traidores.” Fue el mismo profesor titular del grupo, quien lo entera e invita a las reuniones del movimiento magisterial en la sección IX encabezada por Othón Salazar del Movimiento Revolucionario del Magisterio. “Solo estuve tres o cuatro días en la escuela, me doy cuenta, me lleno de vergüenza y me separo. Pero me quedo con los maestros del movimiento”.

A los 25 años, al terminar sus estudios en la Escuela Normal Superior en la Ciudad de México, se va a trabajar a San Luis Potosí, en una escuela pionera en atención para niños con problemas de aprendizaje. Desde entonces y hasta la fecha se involucró en los movimientos estudiantiles, culturales, campesinos, ciudadanos, magisteriales, ambientales, sindicales y políticos, de la entidad potosina.

Su identidad comunista

De su fecunda y ramificada trayectoria, en este artículo, queremos destacar su militancia comunista.

Juan José Esparza, El Chundo, un paisano saltillense, es quien lo invita originalmente a acercarse al Movimiento de Liberación Nacional, fundado por el general Lázaro Cárdenas y cuyo coordinador nacional fue Alonso Aguilar Monteverde. Un movimiento donde convergían las principales expresiones de la izquierda de la época, particularmente entre 1961 a 1964, detonante de varias actividades y ejes de lucha en torno a la Soberanía Nacional, la Emancipación Económica y la Paz, temas de la mayor actualidad.

Por esos años, se integra a una célula del Partido Comunista y al frente popular que apoya la candidatura presidencial de Ramón Danzós Palomino en 1964. Recuerda que “En esa etapa empezaba a leer la revista Siempre, de José Pages Llergo, que era democrática, ahí comencé a leer a Víctor Flores Olea, a Fernando Benítez, a Alberto Domingo, en fin. Fui tomando un poco conciencia de la problemática nacional. Luego ya conocí la revista Política, de Manuel Marcué Pardiñas y Jorge Carrión, entre otros, que me centró más, tenía una postura más radical”.

Señala: “Me invitan a un círculo de estudios, fue la primera vez que escuché hablar de comunistas, me llamó mucho la atención. Fui a dar a una célula comunista pero clandestina. Empiezo a hacer trabajo político electoral, de pintas, de repartir volantes como activista, debió ser en 1962, tenía como 22 años”.

Al llegar a San Luis Potosí, se acerca a algunos jóvenes comunistas. “Uno de ellos se llamaba Juan Manuel Rodríguez, El Che Manolo, era el dirigente de las juventudes comunistas; estaba también Prisciliano Pérez (dirigente histórico del Partido Comunista). Un día me encuentro a una persona repartiendo un volante sobre Vietnam, le pregunto y dice ‘mira, nosotros nos reunimos en tal parte, somos un grupo de universitarios, somos de la Juventud Comunista’. Y entonces acudo ahí, yo traía ya una capacitación mínima, y empiezo a platicar con ellos. Al rato estoy integrado ya en la Juventud Comunista. Empezamos a hacer un trabajo más que nada de difusión. No había mucho interés en estudiar, había una dirección unipersonal. Se trataba de leer correspondencia que llegaba de la Juventud Comunista de México del partido, y hacer sobre todo trabajo de apoyo a la Revolución Cubana, contra la guerra en Vietnam.”

Recuerda que “había otras personas, un profesor Víctor Araujo, Carlos Martínez (hermano de Mario Martínez, de los fundadores del Frente Amplio Opositor en Cerro de San Pedro), algunos ferrocarrileros, era la gente que andaba por ahí … Además de ellos, había dos o tres ferrocarrileros que habían sido vallejistas y seguidores también de Valentín Capa. En Ferrocarriles el Partido Comunista tuvo mucho apoyo, en San Luis eran como cinco o seis mil ferrocarrileros, aquí estaban los talleres más grandes. Es lo que quedaba del partido, pero no hacían gran cosa y tenían muchas divergencias con la gente de la Juventud Comunista, por razones incluso de la edad, pero también ideológicas, de visiones diferentes a partir de la división internacional chino-soviética. El Partido Comunista aquí se va a dividir porque una buena parte de la gente que había estado con Demetrio Vallejo (él no era comunista), eran sus seguidores a muerte. Cuando se produce la división chino-soviética, esos dirigentes vallejistas, con la represión, la situación ideológica y la división internacional, terminan un poco alejándose, pero ahí se mantienen. A mí todavía me toca reorganizar una de sus células”.

Admite que: “Cuando yo llego el partido está dividido, no existe prácticamente el Partido Comunista. Cuando pregunto en la Juventud Comunista el Che Manolo me dice: ‘es que aquí el único comunista que queda es un profesor que se llama Víctor Araujo, un obrero que es Prisciliano Pérez Anguiano, y por ahí otra persona’.  Era lo que quedaba. Llega un día en que la dirección nacional decide que una parte de la Juventud Comunista, la gente que supuestamente estamos más avanzados pasemos a formar parte de la Comisión Reorganizadora del Partido Comunista. Yo soy uno de los que paso: dejo la Juventud Comunista, me desligo de los jóvenes para empezar a asumir ya un trabajo de partido (…) previo al 1968 en que empezamos a trabajar, a tratar de formar un equipo. Prisciliano Pérez es nuestro dirigente hasta que es detenido en la Ciudad de México casi al inicio del movimiento estudiantil, días después de la represión por la bronca entre estudiantes de la Vocacional con la Preparatoria Isaac Ochotorena, cuando allanan el local del Partido Comunista Mexicano en la Ciudad de México. A él lo detienen el 27 de julio, llega (a las oficinas centrales) sin saber nada. Allanan el local para culpar al Partido Comunista. Es cuando lo detienen y es enviado a Lecumberri, sale hasta 1971, con los presos políticos que liberan con la amnistía. Entonces, en ese periodo que va del ‘68 al ‘71, los que habíamos pasado de la Juventud Comunista tenemos que asumir de alguna manera el papel de dirección en San Luis.”

De manera autocrítica señala: “La gente de izquierda nos educamos básicamente a través de dogmas, de teorías que funcionaron para otro contexto y que tuvieron éxito. Porque esos comunistas tanto de la Unión Soviética con Lenin, como en China con el propio Mao, lograron ser muy creativos, es decir: leyeron a Marx, pero ajustaron todo a las condiciones propias de su país y lograron avanzar. Pienso que el esfuerzo intelectual aquí no se dio. En el Partido Comunista Mexicano hay gente que empieza a cuestionar todo eso, a leer a Daniel Cosío Villegas, otras lecturas que, aunque no eran típicamente marxistas son aportes para el conocimiento del sistema político mexicano que nosotros dividíamos automáticamente en burgueses y proletarios, opresores y oprimidos”.

Carlos López Torres en 1979 es asignado para atender la invitación de la Federación Sindical Mundial al Partido Comunista para hacer un curso de tres meses sobre la crisis y el papel del Estado: “De México fuimos alrededor de seis personas. Tres viajamos juntos y los otros nos encontramos en Frankfurt, allí estuvimos más que dos días. Llegamos a la Unión Soviética y de ahí vamos a dar a una dacha que es una especie de casa de campo que se usaban mucho. Fuimos a dar un poco para aclimatarnos y recibir una serie de pláticas sobre a lo que íbamos, del curso que tomaríamos, etcétera. Nos dan una especie de pasaporte especial, que ellos le llamaban propusk, que es el que te abre las puertas. Es decir, te da nivel de funcionario. Te lo dan con la recomendación de que no lo uses ni mucho menos abuses de él. Que lo tengas como una identificación.”

Nos dan todas las instrucciones y luego ya nos llevan al Instituto de Ciencias Sociales de Moscú, en ese lugar estuvo Mijaíl Gorbachov (último presidente soviético, 1988-1991). Este Instituto fue durante un buen tiempo un centro de investigación. Por primera vez traté ahí a críticos del Partido Comunista de la Unión Soviética. Eran conferencistas, investigadores, maestros, académicos de ese centro de estudios, porque era un centro de investigaciones sociales muy avanzado, había doctorados, maestrías y diplomados. Nosotros llegamos a una especie de diplomado. Conocimos investigadores sobre América Latina, algunos mucho muy dogmáticos, pero conocimos gente que estaba muy abierta a la lucha de América Latina. Conocí uno que se llama Burlatski, que después apareció como asesor de Gorbachov cuando surge con la perestroika. Varios de ese tipo.”

También conoció a cuadros medios de los partidos comunistas de América Latina, de África, de Asia. “Me tocó convivir con comandantes de Angola, del Congo, africanos, pero igual compartir con gente de Europa. “

Conoce a Jorge Schafik Hándal dirigente histórico del Partido Comunista Salvadoreño, una de las cinco organizaciones del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional: “Lo conocí, platicamos muy ampliamente y después yo estuve en El Salvador en el Noveno Congreso, donde el Partido Comunista decide pasar a la lucha armada plenamente, hasta entonces se mantenía en la lucha abierta, de masas, pero se había cancelado esa posibilidad. Cuando yo regreso de la Unión Soviética, enseguida se da ese Congreso. El Partido Comunista Mexicano me designa como su delegado a ese Congreso y en esa calidad me vuelvo a encontrar con Schafik Hándal”.

Carlos López Torres, en 1975 fue preso político luego de ser apresado junto con otros integrantes del Frente Popular Estudiantil, atribuyéndoles dolosamente la detonación de bombas en la capital potosina. Fue el primer legislador de izquierda en llegar al Congreso del Estado (1981-1984), meses antes de que se acordara la disolución del Partido Comunista Mexicano y la creación del Partido Socialista Unificado de México.

La flexibilidad táctica para involucrarse, sea para encabezar, apoyar o acompañar, diversas luchas y procesos políticos, lo han obligado a ser firme con sus convicciones comunistas, las cuales nunca se han desvanecido. 


[1] “De las aulas a la lucha social: Carlos López Torres y la memoria de una generación” y “Carlos López Torres, más de medio siglo de historia política en San Luis Potosí”, entrevistas de José de Jesús Ortiz, publicadas el 26 y 29 de enero de 2026, en Astrolabio, diario digital. En adelante las declaraciones de Carlos López Torres, son recuperadas de esta entrevista. Consulta: https://www.astrolabio.com.mx/de-las-aulas-a-la-lucha-social-carlos-lopez-torres-y-la-memoria-de-una-generacion/   y https://www.astrolabio.com.mx/carlos-lopez-torres-mas-de-medio-siglo-de-historia-politica-en-san-luis-potosi/

SICmx

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