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MAGNIFICA HUMANITAS, LA GUERRA COGNITIVA Y LA CANCIÓN OLVIDADA.

Vivimos en una época extraordinaria. Nunca la humanidad había tenido tanta información, tanta tecnología y tanta capacidad para comunicarse. Sin embargo, tampoco habíamos vivido una época donde fuera tan fácil manipular emociones, sembrar miedo, fabricar enemigos y distraernos de lo verdaderamente importante.

Por eso me parece tan valiosa la encíclica Magnifica Humanitas. No es un documento contra la tecnología ni contra la inteligencia artificial. Es, sobre todo, una llamada de atención para no olvidar lo que nos hace humanos guardianes de la tierra y de la vida.

La encíclica nos advierte que los algoritmos ya no sólo organizan la información que vemos. También comienzan a influir en nuestros deseos, nuestras opiniones, nuestras emociones y hasta nuestra forma de entender la realidad. Poco a poco pueden convertirse en una especie de nueva autoridad que nos dice qué pensar, qué consumir, qué temer y hasta a quién odiar.

La psicología llama a esto guerra cognitiva: la lucha por conquistar la mente humana. Ya no se trata solamente de controlar territorios o recursos. Ahora se busca controlar percepciones, creencias, emociones e identidades de todos los seres.

Y aquí aparece una pregunta fundamental: ¿qué ocurre cuando dejamos de pensar por nosotros mismos? ¿Qué ocurre cuando repetimos lo que todos repiten? ¿Qué ocurre cuando olvidamos quiénes somos como personas, como mujeres, como super organismo vivo, como Tierra?

Para responder a esta pregunta quiero recordar una hermosa fábula: “Cuenta la historia de una princesa que tenía una voz maravillosa. Su canto era tan bello que todos quedaban encantados al escucharlo. Pero un hechicero malévolo lleno de envidia, decidió lanzarle un hechizo: «Si yo no puedo cantar como tú, haré que tú cantes como yo».

Y la princesa fue convertida en sapo.

Al principio siguió cantando igual de hermoso. Pero los demás sapos comenzaron a molestarse. Aquella música era distinta. Rompía la monotonía. Entonces le dijeron: -Si vives entre nosotros, debes croar como todos-. Y tanto repitió aquel croar que terminó olvidando su propia canción. O casi.

Porque por las noches, en sus sueños, seguía escuchando una melodía antigua. Sentía una nostalgia profunda, una tristeza difícil de explicar. Era la nostalgia de quien está lejos de su verdadero hogar”.

Creo que esta historia describe perfectamente lo que está ocurriendo hoy.

La guerra cognitiva intenta que olvidemos nuestra canción.

Que olvidemos nuestra capacidad de pensar críticamente.

Que olvidemos nuestra historia.

Que olvidemos la comunidad.

Que olvidemos la belleza (la esencial).

Que olvidemos incluso nuestra propia humanidad.

La guerra cognitiva nos produce estados hipnóticos cuando “escroleamos” y no podemos detener ver un vídeo tras otro en pocos segundos que se convierten en horas de aletargamiento cerebral, por ejemplo, con Tik Tok o Instagram.

Las operaciones psicológicas de la guerra cognitiva consisten también en juntar emoción con la creación de necesidades, como comprar en TEMU lo que nunca necesitarías pero piensas que te hará más feliz.

Entre el “scrolling” de videos atractivamente hipnóticos y el consumo, lo MÁS IMPACTANTE es que la guerra Cognitiva conecta al Odio con el Miedo y genera Intolerancia (su fórmula es: anestesiar con videos simpáticos y consumo para bloquear la voluntad -la capacidad de decidir- y de manera intermitente, sin que la persona se dé cuenta, estará recibiendo videos de Odio+Miedo=Intolerancia).

Otra característica de la Guerra Cognitiva es que muestra ataques en “enjambre” para que el miedo sea paralizante y de ahí justificar la violación a la soberanía de los pueblos como hacen con Cuba, Venezuela, Palestina, Irán, y para no ir tan lejos con tu cuerpo. Sí, la guerra Cognitiva invade la soberanía de los cuerpos: dejan de pensar, consumen medicinas, productos de belleza blanqueadores o rejuvenecedores de cuerpos…

Cómo trabaja una guerra cognitiva:

1. Información constante: bombardeo de datos que no da oportunidad de procesar ni reflexionar.

2. Percepción serial: la vida se percibe como un flujo de imágenes rápidas, como un videojuego, donde lo bueno y lo malo se confunden en la misma secuencia.

3. Multitasking: No significa que pensemos varias cosas a la vez, sino que saltamos de una a otra tan rápido que creemos que estamos investigando o aprendiendo. Esa ilusión fragmenta la atención y debilita el pensamiento crítico al recibir estímulos simultáneos y se pierde la noción del tiempo.

4. Elemento emocional: se introduce miedo y estrés social (ej. COVID, el mito del Chupacabras) para paralizar, encerrar a la gente en sus casas y manipular.

5. Captología: uso de mensajes ideales, palabras y colores que generan adicción y dependencia.

6. Sesgo cognitivo: se instalan nuevas palabras y narrativas que moldean la realidad y la conducta social.

7. Desesperanza: se alienan los sueños, se promueven metas inalcanzables y se fomenta la resignación.

Propuestas para resistir:

1. Fomentar identidad: creer en nosotros mismos/mismas y en nuestra historia.

2. Administrar tiempo digital: evitar uso de dispositivos al despertar y en la noche, no dedicar más de 1 hr. diaria en electrónicos o que no reste tiempo de descanso ni de convivencia.

3. Vínculos comunitarios: priorizar encuentros cara a cara sobre redes sociales.

4. Valorar semejanzas y diferencias: reconocer que ambas nos fortalecen.

5. Resistencia crítica: identificar nuestras fuentes de información y cuestionarlas.

6. Salir de la hiperrealidad: vencer miedo y ansiedad, que nos llevan a no actuar en la vida que queremos.

7. Superar el ego digital: no medir nuestro valor por “likes”.

8. Filtrar mensajes: no compartir contenidos que transmitan odio o miedo.

9. Interdependencia: recordar que “In lak’ech: yo soy otro tú y tú eres otro yo”, generar una conexión real con el otro, una igualdad entre hombres y mujeres. Una ecología de la comunicación, una responsabilidad compartida para construir una Civilización del Amor.

Nos acostumbramos a la violencia, a la competencia permanente, al individualismo y al consumo. Terminamos creyendo que así es la vida y que no existe otra posibilidad, lo normalizamos.

Pero algo dentro de nosotros sigue resistiendo.

La psicología de la liberación diría que es la memoria de nuestro verdadero ser.

La espiritualidad diría que es la voz de Dios hablando en el corazón.

Los pueblos originarios hablarían de la memoria ancestral.

La encíclica la llama dignidad humana.

Sea cual sea el nombre, existe algo dentro de nosotros y nosotras que se niega a ser reducido a un dato, a un algoritmo o a una mercancía.

Por eso Magnifica Humanitas insiste tanto en la ternura, el cuidado, la comunidad, la democracia y la paz. Porque es allí donde las personas vuelven a encontrarse, a escucharse y a construir juntas, la canción comienza a regresar.

La psicología de la liberación puede ayudar mucho en esta tarea. 

Puede ayudarnos a reconocer nuestros miedos, nuestras heridas y nuestras manipulaciones. Puede ayudarnos a decolonizar el pensamiento y a desarrollar un pensamiento crítico. 

Puede ayudarnos a reconstruir vínculos comunitarios y recuperar la memoria colectiva.

Pero la tarea es más profunda que una terapia individual.

Se trata de recordar quiénes somos.

Se trata de recordar que no nacimos para croar como nos lo pide el imperio digital como todos los demás.

Se trata de volver a escuchar aquella melodía que alguna vez conocimos y que todavía sigue sonando en el fondo del alma.

Quizá el mayor mensaje de Magnifica Humanitas sea precisamente ese: en medio del ruido de las pantallas, de los algoritmos y de la guerra cognitiva, aún podemos escuchar la canción olvidada.

Y mientras exista esa canción, mientras exista memoria de la belleza, mientras exista capacidad para amar, soñar y construir comunidad, ninguna inteligencia artificial, ningún poder económico y ningún sistema de dominación podrán conquistar completamente al ser humano.

Por una civilización del amor, donde hombres y mujeres, y la madre Tierra, estemos en armonía y equilibrio. Abrazos sororales.

Psic. Liliana Vázquez Roa.

MCCLP. Movimiento de Cristianas Comprometidas con las Luchas Populares.

6 de junio de 2026.

Referencias: 

– Alves, R. (2007). Sobre Principes e Sapos. Sao Paulo, Paulus.

– Betto, F. (1995). LA Obra del Artista. Una Visión Holística del Universo. La Habana, Caminos.

– Carucí N. (2025).  La guerra Cognitiva en la Agonía Digital 4.0. Sentidos y Horizontes de la Comunicación Comunal en el Tránsito hacia una Humanidad Nueva. Caracas, Fondo Editorial Ministerio del Poder Popular para la Ciencia y la Tecnología.

– Dussel, E. (1998). Ética de la liberación en la edad de la globalización y de la exclusión. Madrid, Trotta.

– Freire, P. (1995). Á Sombra desta Mangueira. Sao Paulo. Loyola. 

– García Canclini, N. (1990). Culturas híbridas: Estrategias para entrar y salir de la modernidad. México, Grijalbo.

– González, A. (2022). Los Nuevos Fascismos. Manipular el Resentimiento. Córdoba, Almuzara.

– Han, B.-C. (2014). Psicopolítica: Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder. Barcelona, Herder.

– Hinkelammert, F. (1984). Crítica de la razón utópica: Para la crítica a la racionalidad instrumental. Costa Rica, DEI.

– Martín-Baró, I. (1988). Acción e Ideología. Psicología Social desde Centroamérica. San Salvador, UCA.

– Vaticano. (2026, mayo 15). Magnifica humanitas: Carta encíclica de Su Santidad el Papa León XIV sobre la salvaguarda de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Chile, PUC.

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