CUANDO EL DOLOR SE TRANSFORMA EN POEMA.

Un dios débil puede llorar conmigo… y por eso nos amamos…
Hoy 19 de abril de 2026 no deseo escribir. Lo hago como sonámbulo con la esperanza, tal vez, de que las palabras puedan disminuir el dolor. Pero no quiero que el dolor disminuya. No quiero que me consuelen. No quiero volver a estar alegre. Cuando el dolor disminuye es porque el olvido ya hizo su trabajo. Y lo que no quiero es olvidar. Quiero seguir gritando ¿Por qué te fuiste Rosita? No te vamos a olvidar! El amor no soporta el olvido.
Vacía de palabras que el dolor robó, el alma se vuelve hacia los poetas. No es exactamente así. El alma no se vuelve hacia nada. Ella abraza su dolor. Son los poetas quienes vienen a nuestro auxilio, aún sin que se les llame. Pues esa es la vocación de la poesía: poner palabras en los lugares donde hay demasiado dolor. No para que se acabe, sino para transformarlo en algo eterno, como una estrella en el firmamento que brilla sin cesar en la noche obscura. Eso es lo que el amor desea: eternizar el dolor, convirtiéndolo en algo bello. Cuando eso ocurre el dolor se transforma en poema, objeto de comunión, se transforma en sacramento.
El dolor es tan grande que la búsqueda de palabras – puro juego cuando se está alegre – se transforma en un peso enorme, como bola de fierro que se arrastra, piedra que se jala hasta lo alto de la montaña a sabiendas delinútil esfuerzo, pues rodará de nuevo hacia abajo. Siento una pereza enorme, un desaliento adormecedor para escribir, para rezar, para cantar. Me arrastro. Me obligo a arrastrarme. Empujo mi energía como quien empuja bloques de granito. Me gustaría quedarme quieto, no decir nada, no escribir nada, no rezar, no hacer nada. ¿Será que algún periódicoaceptaría publicar una crónica que fuese una página en blanco? ¿purosilencio? Escribo, rezo para callarme, para producir silencio. Como en una catedral gótica donde las paredes, las columnas y vitrales sirven sólo para crear un espacio vacío donde se puede orar. Como la tumba que cobija el cuerpo de Rosita, infinito silencio sideral. El poeta Alvaro de Campos sabe que la poesía es eso, una construcción de palabras en cuyas grietas se oye otra voz, una melodía que hace llorar.
Sé que mis palabras son inútiles. La muerte hace que todo se vuelva inútil.La muerte intenta de “que no quede huella”. Miro hacia atrás, las cosas que amo, los objetos que me daban alegría, el jardín, los montes. La mar,el temazcal, la casita de adobe que don Chava construyó, los libros, los enseres, los cuadros, las plantas (¡ah! su risa era un torrente cuandotrabajaba las plantas!), todo eso se vuelve cenizo, sin brillo, sin color, sin gusto. No veo las plantas, se marchitaron. Las riego por obligación. El deber me empuja: necesitan de mí. Atiendo al perro también por obligación. Él no tiene la culpa..
Rosita ha muerto. Por tanto, todas las palabras son inútiles. Sobre eltorrente de su vida repleta de luces, de entregas hasta el límite, de pasionespor el detalle, de dedicación a la familia, fidelidad, abnegación, sacrificios, resistencia, resiliencia, llanto, trabajos, acompañamientos, curaciones y la gran resistencia queda, con su partida, un gran vacío que nadie llenará. Que ninguna palabra podrá llenar. Recuerdo las palabras de poetizaCecilia – palabras que, pienso, fueron escritas mucho después del dolor, después que el dolor ya se había transformado en belleza, en poema: “Pero todo es inútil, porque tus oídos son como conchas vacías, y tu nariz inmóvil no recibe más noticia del mundo que circula en el viento. Todo es inútil, porque serás enterrada en tierra fresca, y tus ojos no buscan más lugares en este paisaje luminoso que dejas, y tus manos ya no se redondean ya para la cosecha ni para la caricia.”
Rosita, siempre te recordaremos para que en tu entorno no crezca el olvido. Rosita fue una persona que, con sólo recordarla, sonríe de felicidad. Así son los cercanos – no hay ni los mejores, ni los peores. Lo son o no lo son. Pues con ella se crearon lazos de vida, lazos ancestrales, lazos de eternidad. Sé que mis otros prójimos me entenderán cuando lesdiga que Rosita ha muerto. Si tengo diez amigos y uno muere, ése era al que más amaba. Si un pastor tiene cien ovejas y una desaparece, ésa era la que más le gustaba. Rosita murió. Era la mejor amiga, la mejor madre, la mejor esposa, la mejor mujer. Era nuestro cuerpo y nuestra alma. Hoy, sin ella, somos un vaso lleno con el dolor de su vacío.
En momentos así tengo una tristeza inmensa por las personas que tienen un dios fuerte. Pues, pobrecitas, están perdidas ante la muerte, ante la desaparición.
Tener un dios fuerte es saber que, si hubiera querido, habría evitado la muerte. Si no la evitó es porque no quiso. Ahora bien, si él fue quien lo dispuso, no estaría sufriendo. Estaría feliz por haber hecho lo que quería. Entonces, yo lo culparía de mi dolor. El y yo estaríamos muy distantes, infinitamente distantes. ¿Cómo podría amar a un dios así de cruel? Por el contrario, si es un dios débil, quiere decir que no fue él quien ordenó su muerte. Él no pudo hacerlo. Un dios débil puede llorar conmigo, y hasta me pediría disculpas:
– “No es posible que haya sucedido, ni cómo evitarlo. Lo intenté mucho. Mira las heridas de mi cuerpo, prueban que me esforcé…” El llora conmigo. Así los dos, mi dios y yo, lloramos juntos. Por eso nos amamos.

Tengo en nuestro patio plantas y flores, con un perfume delicioso. A imitación de Rosita quien plantó y cuidó muchas, vamos a cuidar de ellascon un cariño redoblado. De vez en cuando al regar no nos vayamos a sorprender si, borrachas de sol, comienzan a dar risotadas. A mostrar su felicidad como cuando ella las cuidaba. Sabré que Rosita está cerca, muy cerca.
Rubem Alves, Pastor brasileño Presbiteriano. Grupos del Taller Salud yNaturaleza. MCCLP Movimiento de Cristianas y Cristianos Comprometidos. Querétaro, 19 de abril de 2026.
SICmx



