DEMOCRACIA A DEBATE

Por: Pablo Moctezuma Barragán
Las democracias: debates de actualidad coordinado por Gerardo Ávalos Tenorio y René Torres Ruiz es un libro publicado por la UAM muy pertinente en esta época
Vivimos un momento en el que los modelos de democracia liberal representativa están en crisis en todo el mundo, contemplamos cómo en Estados Unidos mientras el 65 por ciento de la población está en contra de la guerra contra Irán, Washington ataca ese país, además los poderes federal, estatales y locales chocan abiertamente como sucedió en California, Minnesota, Illinois, Nueva York y en tantos lugares donde enfrentaron las redadas del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE), además, hay enfrentamientos entre Trump y el Supremo Tribunal de Justicia como con el reciente decreto migratorio de Trump para limitar la ciudadanía automática de las personas nacidas en Estados Unidos. Cada vez más, los gobiernos de Estados Unidos y otros países gobiernan por decreto y enfrentan grandes protestas.
Como dice René Torres Ruiz la democracia representativa de cuño liberal hace patente, cada vez más, su incapacidad, insolvencia y desinterés para resolver problemas y demandas sociales propios de nuestro tiempo: empleo, educación, protección de los derechos humanos, identidades diversas, autonomía y defensa de las identidades de grupos sociales dentro de contextos estatales, medio ambiente, transparencia, legalidad, alto a la corrupción y a la violencia en distintos planos, etcétera. Dada su muy estrecha relación con los intereses del neoliberalismo, un modelo político que propicia gobernar en el vacío sin un respaldo popular amplio y que genera una profunda indiferencia hacia la política y la democracia.
En el neoliberalismo, el sistema opera para mantener la dictadura de las corporaciones, cuyos intereses son siempre priorizados. En los países en que en el pasado gobiernos progresistas trataron de tomar algunas medidas de corte popular, nacionalista y redistributivo, dentro del sistema, este ha operado para traer de vuelta a la ultraderecha como sucedió en Argentina, Bolivia, Brasil con Bolsonaro, Ecuador, El Salvador, Honduras, Chile.
Hoy gobierna un narcotraficante en Ecuador, en Argentina un desquiciado Milei, en Perú ganó la hija de Fujimori un criminal de lesa humanidad, en El Salvador Bukele un dictador, en Chile, Katz que es un hijo de un nazi y abiertamente pinochetista, en Colombia ganó fraudulentamente la elección De la Espriella un abogado mañoso, cantante, sionista y de ultraderecha, el tipo de personaje que son electos por ser famosos en la televisión y los espectáculos, como Reagan y Trump en Estados Unidos, o los comediantes Volodímir Zelenski en Ucrania y Jimmy Morales en Guatemala.
Mucha gente se desilusiona y cuestiona ¿cómo los pueblos eligen a esos gobernantes? Se expresa con desprecio hacia la población de tal y cual país que hace una mala elección. Pero no cuestiona el modelo político y electoral que lleva al triunfo a representantes tan impresentables.
El sistema actual genera violencia, polarización, pauperización, ignorancia, racismo, crisis de salud, misoginia, prejuicios y desinformación, y son los grandes centros de poder los que lo generan. Es una democracia como dice Gerardo Avalos, “elitista, representativa y, sobre todo, procedimental o formal pues no está dirigida a cambiar las condiciones sociales en las que se desenvuelve la civilización capitalista.”
Es conocido, por ejemplo, que la raíz del problema del narcotráfico radica en Estados Unidos, que compra la droga, la distribuye en su territorio, fabrica y vende las armas, lava el dinero, administra el negocio y lo usa para intervenir contra gobiernos que no le son incondicionales y crea condiciones de violencia que generan miedo y pánico. Ante lo cual la oferta de “seguridad, mano dura y orden” le da gran popularidad a los candidatos de derecha. Así se ha vivido la bukelización de la política latinoamericana.
Un sistema en el que la mayoría de los candidatos gana con un 20 % del voto, con niveles de abstención de alrededor del 40 %, y en el que además millones de votantes quedan fuera del padrón por diversas razones. Un sistema cuyas campañas en vez de centrarse en propuestas, polarizan en pro y en contra, que se centran en escándalos personales, y que genera el rechazo a la política y a los políticos sin excepción, creando apatía y desinterés. Fomenta discursos de odio, xenófobos, violentos.
No se fomenta el pensamiento crítico, sino seguir a un líder, adherirse a un partido sin cuestionar programas, sin autocrítica, ni generar cultura política de reflexión, organización y acción, sino simplemente ser partidarios incondicionales.
Un sistema que, por las “reglas del mercado”, no permite a los gobiernos progresistas resolver problemas estructurales, causando con los años la desilusión y el rechazo del electorado. Un sistema que usa todo su poderío económico para profundizar la defensa de sus intereses con megaproyectos de minería, infraestructura o privatización del agua, además de fomentar la corrupción de funcionarios progresistas que generan el descontento de las fuerzas populares quienes, en muchos casos, terminan por ejercer un voto de castigo ante la decepción de los gobiernos progresistas y de sus políticos.
Un sistema que mantiene el control de los grandes medios de comunicación y del mundo cultural que fomenta la desinformación, y alimenta el consumismo y el aspiracionismo de la clase media; que busca la identificación con el rico, el fuerte, para provocar una disociación cognitiva en la que se nieguen las condiciones reales en las que se vive y las clases oprimidas se ubiquen del lado de los opresores.
Este sistema multimillonario, económico y mediático se apoya en su instrumento formidable: el sistema de partidos y en organismos electorales que están bajo control de las cúpulas nacionales y extranjeras.
Esta situación en la que en América Latina y en el mundo la democracia liberal representativa atraviesa una de sus peores crisis, nos motiva a reflexionar nuevas vías para una democracia sustantiva, una profunda renovación democrática que garantice que el pueblo decida e impere la voluntad popular. Es preciso detectar los factores que invalidan la elección libre, auténtica y equitativa y proponer las medidas para establecer la democracia genuina en interés del pueblo.
Luego de siglos de luchas, la humanidad aspira a vivir en una democracia donde el pueblo decida su destino. Por eso el sistema imperialista aparenta defender la “democracia” –que es puramente formal– y hasta agrede y ocupa otros países en supuesta “defensa de la democracia”.
El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional impulsan el “sistema de partidos”, como la única forma de gobierno democrático, como la materialización de la democracia, expresada en el pluripartidismo y la alternancia de los partidos en el poder. Tras la fachada democrática, impera la dictadura del gran capital. Eso no es democracia para nada.
De hecho, el país del Norte que vende la idea de la “democracia” y los “derechos humanos”, está demostrando ser un régimen autoritario, brutal, imperialista y caótico. Su modelo “la democracia americana”, ha fracasado claramente a la vista del mundo entero, la decadencia de las instituciones de Estados Unidos es visible.
Los gobiernos progresistas van directo al fracaso si se empeñan en sostener las viejas instituciones antidemocráticas y no se apoyan en la organización del pueblo en defensa de sus propios intereses.
Hace falta la renovación democrática que haga efectiva la soberanía popular. Y que rompa con todo el sistema de control actual de las corporaciones.
Una elección democrática comienza por la selección democrática de los candidatos. Actualmente, a estos los eligen las cúpulas partidarias y sirven a las mafias políticas y no a los electores. Es preciso dejar de financiar a los partidos políticos –que se han convertido en verdaderas franquicias– para ocupar ese dinero en financiar un sistema electoral en el que sean los propios electores quienes seleccionen a los candidatos en los centros de trabajo, estudio, vivienda, y así nos representarán los y las mexicanas comprometidas con su comunidad y el país, y no con los de “arriba”.
Los militantes de los partidos que aspiren a los puestos de representación pueden ganar la candidatura realizando labor a favor de su comunidad y ser seleccionados por esta, y no por la cúpula de su partido. Teóricamente, los partidos tienen la misión de llevar su proyecto político a la sociedad, con trabajo y compromiso, no por dinero; pero actualmente hay un verdadero “mercadeo” partidario.
Debe ser el elector quien seleccione a los candidatos para dar cumplimiento al derecho constitucional de “votar y ser votados”, derecho negado en la práctica por el actual monopolio de los partidos para presentar candidatos. La selección de candidatos por los electores tiene la ventaja de escoger a quien conozcamos directamente y no a las “imágenes” que nos “venden” los medios, ocultando los intereses que representan. La selección debe darse a partir de las comunidades organizadas de vivienda, trabajo, estudio, a partir de la gente que conoce a las personas con las que conviven. No se debe financiar a los partidos, sí a un sistema que permita que un ejército de trabajadores sociales apoye a los colectivos a expresar y formalizar sus propuestas y selección de candidatos. Los miembros de los partidos no le deberán “el puesto” a las cúpulas, amigos, compadres, socios, sino a sus comunidades. Y su compromiso será con ellas. Los militantes de partidos que hagan un muy buen trabajo, seguramente serán propuestos democráticamente por la gente, mas no serán designados por “dedazo” por los máximos líderes.
Los candidatos seleccionados por los electores han de competir equitativamente, con tiempos iguales en medios y espacios públicos para el debate y la propuesta, excluyendo los anuncios, la compra de voto y la guerra sucia. Actualmente, las elecciones se ganan con dinero, los espacios y los electores se compran. Por eso las elecciones democráticas han de ser plenamente equitativas e implican la democratización de los medios de comunicación. Así podrán representarnos los y las mexicanas comprometidas y con reconocimiento de los votantes y no los candidatos de dedazo y con lana apoyados por los medios monopolizados.
Los representantes serán electos con base en el programa impulsado en su campaña, y estarán mandatados por los electores. Actualmente, en la campaña prometen una cosa y ya en el poder hacen lo contrario.
¡Basta de darles un cheque en blanco a los funcionarios! que imponen políticas que nunca propusieron en sus campañas: Salinas no habló de meternos al Tratado de Libre Comercio, ni Zedillo de rescatar a los bancos con el Fobaproa y vender los ferrocarriles nacionales al extranjero; Fox nunca insinuó que nos integraría a la Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte; Calderón ocultó su proyecto de privatizar Petróleos Mexicanos e integrarnos militarmente a Estados Unidos con el Plan Mérida y la “alianza estratégica”. Así que es necesario que los representantes sean mandatados para desarrollar el programa definido y decidido en las elecciones y que exista la revocación del mandato para quien no cumpla.
Dice la Constitución en su artículo 39: “La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”.
Es hora de cambiar la forma de gobierno; transformar el sistema político actual para impulsar la renovación democrática en México. Pero una persona o un partido solos no van a lograr derrotar intereses muy potentes, esto solo lo puede lograr una sociedad de ciudadanos conscientes y organizados en sus lugares de trabajo, estudio y vivienda, los que decidan, impulsen y logren la transformación del país. Solo la fuerza del pueblo puede derrotar a la fuerza de las corporaciones, solo así puede triunfar su soberanía.
La democracia: demos, pueblo; cratos, poder, es la soberanía popular, expresión del poder popular que se construye del nivel local al regional y nacional, de abajo para arriba. El gobierno federal debe desarrollar el proyecto y unificar los esfuerzos y recursos para materializar las decisiones del pueblo, su unidad y el desarrollo integral y multilateral del país. Así, la soberanía parte de la soberanía local, de la selección de candidatos, la participación y la discusión de proyectos y programas desde la base.
Tenemos que pasar del malestar y la protesta a la reflexión y a las nuevas vías para la democracia, para que ya no sean los grandes centros de poder financiero quienes decidan.
La semilla democrática ancestral en nuestras tierras, que estaba organizada a partir de los calpullis que elegían en asamblea a sus representantes, puede germinar en un sistema en el que se reconstituyan las comunidades y sean el sostén, los defensores, guardianes e impulsores de la democracia verdadera. En la que no gobiernen las cúpulas y los poderosos, sino que sean los pueblos los que decidan y desarrollen el poder del pueblo.
El gran desarrollo actual de las fuerzas productivas, y las formidables nuevas tecnologías permiten producir todo lo necesario para satisfacer las necesidades de cada ser humano, hacen posible revertir los procesos de destrucción de la naturaleza y la degradación de las relaciones humanas. Lenin decía que para desarrollar grandes energías hay que plantearse grandes objetivos. Sí se puede construir un nuevo proyecto democrático donde, construyamos en colectivo un proyecto de sociedad que resuelva las necesidades más profundas y sentidas de la humanidad.
Ha llegado el momento de armonizar los intereses de los seres humanos entre sí, del interés individual con el interés colectivo, del interés de los colectivos con el interés general y del interés del ser humano con el de la naturaleza. La humanidad, ante la crisis actual, el caos y la descomposición, vislumbra ya un futuro en el que la democracia tome su verdadero sentido y lleve al bienestar, la justicia y la paz de la humanidad. Ese gran objetivo solo se puede alcanzar en democracia que llevará al socialismo.
SICmx



