Amarga navidad y un nada próspero año laboral.

Por: Andrés Peñaloza Méndez.
Una amarga navidad y un nada próspero año nuevo, experimentan no sólo las personas sindicalizadas del Nacional Monte de Piedad que, en vísperas de nochebuena atestiguaron el desinterés del elitista patronato de esta institución, para alcanzar una solución a la huelga y que para el 6 de enero cuando se reanuden las negociaciones, sumarán 108 días de lucha por defender su contrato colectivo de trabajo, sino para el conjunto de la clase trabajadora.
Contraria a la desgastada narrativa oficialista, insistente en recurrir a las fantasiosas afirmaciones neoliberales, clasificándonos como país clasemediero, o ser el segundo país del mundo con la menor tasa de desempleo y encabezar la lista de los países con mayores alzas salariales, lo cierto es que 2025, fue un mal año en materia laboral.
Así lo confirman los Indicadores de Ocupación y Empleo correspondientes a noviembre reportada el pasado 24 de diciembre por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
La población ocupada[1] involucró 59.8 millones de personas (97.3 % de la Población Económicamente Activa): una caída anual de 163 mil personas. Según sexo, la ocupación de hombres, fue de 35.5 millones, un alza de 278 mil. La ocupación femenil además de ser 11.2 millones menos que la de ellos, o sea, el 68%, registró un descenso anual de 440 mil.
La población no económicamente activa (PNEA)[2] fue de 42.8 millones de personas (41.0 % de la población de 15 años y más): subió en 1.8 millones de personas respecto a noviembre de 2024.

Desempleados, autoexcluidos y desocupados
De la PNEA, 5.6 millones se declararon disponibles para trabajar, pero no llevaron a cabo acciones para hacerlo. Las personas que buscaron trabajo, pero no lograron emplearse, ascendió a 1.6 millones de personas (la desocupación de mujeres se ubicó en 714 mil en noviembre de 2025 y en el caso de los hombres se situó en 923 mil). Es decir, son 7.2 millones las personas que están fuera voluntaria o involuntariamente del mercado de trabajo, situación agravada por la estrechez y precariedad de las nada apetecibles condiciones laborales y la ausencia de seguros de desempleo.
Si añadimos los 4.3 millones de personas subocupadas,[3] el 46.1% de ellas trabajadoras subordinadas y remuneradas; y, 40.4%, personas trabajando por cuenta propia, la cantidad de quienes aspiran a mejores oportunidades de trabajo e ingreso suman 11.5 millones.
Informalidad laboral
En noviembre de 2025, la población ocupada en la informalidad laboral[4] fue de 32.8 millones de personas y la tasa de informalidad laboral abarcó al 54.8 % de la población ocupada, porcentaje superior al 54.6 % del mismo mes de 2024.
Las modalidades de la población ocupada
La mayoría de la población ocupada son personas trabajadoras subordinadas y remuneradas, 69.1% (41.3 millones). En el periodo analizado, se registró una disminución anual de 180 mil.
De manera independiente o por su cuenta, sin contratar a otras personas, trabajan 13.0 millones (21.7 %): 30 mil personas más respecto a noviembre de 2024.
Dos millones de personas (3.3 %) se desempeñaron en los negocios o en las parcelas familiares, contribuyendo de manera directa a los procesos productivos, pero sin recibir una remuneración monetaria expresa. Finalmente, 3.5 millones (5.9 %) fueron personas empleadoras, cifra que decreció en 4 mil.
Tasa de condiciones críticas de ocupación
La llamada tasa de condiciones críticas de ocupación (TCCO)[5], con base en salarios mínimos equivalentes: se ubicó en 37.5 % de la población ocupada y fue mayor que la de noviembre de 2024 (34.5 %).
País de salarios mínimos
El 43% de la población ocupada obtuvo ingresos hasta un salario mínimo (25 millones 841 mil personas) y un 30% (17 millones 989 mil) más de 1 y hasta dos salarios mínimos.
Para 2026, salvo en la Zona Libre de la Frontera Norte (ZLFN), donde el salario mínimo (440.87 pesos) supera ligeramente el monto registrado en 1976 (alrededor de 410 pesos), en el resto del país (315.04 pesos) todavía falta un tercio de su valor para alcanzar lo de ese año.
En rigor, alrededor del 73% de la población ocupada recibe ingresos similares, pero, sobre todo, montos inferiores al salario mínimo de hace medio siglo.
No hay que olvidar que el salario mínimo de 1976, como el de ahora, no llega a la mitad de la cantidad necesaria para que un jefe o jefa de familia pueda cubrir las necesidades materiales, sociales, recreativas, culturales y educativas de su núcleo familiar.
El actual objetivo oficialista para topar el salario mínimo a 2.5 canastas de pobreza (con el agravante de ser un parámetro de medición inadecuado) es una lamentable concesión y reflejo de subordinación gubernamental a la agenda patronal.
Si a este hecho, añadimos la ausencia de un programa de generación de empleos decentes y formales vinculado a políticas públicas de desarrollo industrial, de innovación tecnológica, de autosuficiencia alimentaria, de ampliación de infraestructura productiva, de transporte y social (educativa, de salud y de cuidados, sobre todo), de fortalecimiento del sector social de la economía, de un sistema tributario redistributivo, de soberanía monetaria y financiera en clave democrática y sustentable, resulta inadmisible el proyecto de continuidad neoliberal vigente para las aspiraciones legítimas y urgentes de la clase trabajadora dirigidas a mejorar sus condiciones laborales y de vida.
Avanzar en un polo social, democrático y alternativo con perspectiva anti capitalista es un desafío urgente en tiempos en que la soberanía nacional y popular es acosada groseramente por el imperialismo estadounidense y su burguesía dominante dominada.
SICmx
[1] Se refiere a la población que durante la semana de referencia realizó alguna actividad económica durante al menos una hora. Incluye a las y los ocupados que tenían trabajo, pero no lo desempeñaron temporalmente por alguna razón, sin que por ello perdieran el vínculo laboral con este, así como a quienes ayudaron en alguna actividad económica sin recibir un sueldo o salario.
[2] Población que durante la semana de referencia se dedicó al hogar, estudió, estaba jubilada o pensionada, tiene impedimentos personales o llevó a cabo otras actividades.
[3] Aquellas personas trabajadoras que declararon tener necesidad y disponibilidad para trabajar más horas de lo que su ocupación actual les demanda.
[4] Se refiere a la suma, sin duplicar, de las y los ocupados que son laboralmente vulnerables por la naturaleza de la unidad económica para la que trabajan, más aquellas personas cuyo vínculo o dependencia laboral no se reconoce por su fuente de trabajo. En esta tasa se incluyen —además del componente que labora en micronegocios no registrados o sector informal— otras modalidades análogas, como las y los ocupados por cuenta propia en la agricultura de subsistencia, así como a quienes laboran sin la protección de la seguridad social y cuyos servicios los utilizan las unidades económicas registradas (INEGI).
[5] La Tasa de Condiciones Críticas de Ocupación (TCCO) se refiere al porcentaje de la población ocupada que enfrenta condiciones laborales inadecuadas. Esto incluye a quienes trabajan menos de 35 horas a la semana por razones de mercado, a aquellos que laboran más de 35 horas semanales con ingresos inferiores al salario mínimo, y a quienes trabajan más de 48 horas semanales ganando hasta dos salarios mínimos. Esta tasa es un indicador importante para evaluar la calidad de los empleos en el país, ya que refleja tanto el tiempo de trabajo como los ingresos obtenidos. CEFP. Liga: https://www.cefp.gob.mx/publicaciones/presentaciones/2016/precefp0042016.pdf



