Pobreza aminorada, aquí y allá.
Por: Enrique Kato Vidal.
Lo mismo hoy que en el pasado el tener un ingreso bajo es el criterio para que una persona aparezca en la estadística de pobreza. Las personas dependemos del dinero para poder comprar alimentos y darnos una vivienda. Hace una década, la oficina del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) comenzó a medir la pobreza observando si las personas tenían acceso a múltiples satisfactores básicos como salud, nutrición, educación o servicios en la vivienda. México se adelantó al cálculo de la pobreza multidimensional cuando en 2006 se aprobó la Ley de Desarrollo Social. Son muchos los años que se ha usado esa metodología y sólo en las mediciones más recientes (2022 y 2024) se ha observado disminuciones de la pobreza. La polémica no ha sido menor.
La discusión no fue tan acalorada cuando se dio a conocer que en 2022 había 36% de población mexicana en pobreza, una cifra (muy) menor al 43% de pobres de 2016. En ese período, la estimación oficial indicó que cinco millones lograron un bienestar suficiente para dejar de ser considerados pobres multidimensionales. Este logro no debía ser minimizado, se había roto la persistencia conocida de que la mitad de la población era oficialmente pobre, donde no importaba si la racha económica era buena o mala la pobreza permanecía inamovible. En el camino hubo otros dos enormes obstáculos que fueron superados: la profunda crisis del covid y el repunte de la inflación de 2021-2022, una inflación que, aunque carcomió el poder adquisitivo, no detuvo la trayectoria de la pobreza a la baja.
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Fueron millones de personas que se alejaron de la pobreza en 2022 y quedará para la especulación indagar cuántos millones más hubieran tenido la misma fortuna de no haberse registrado la pandemia y, en consecuencia, el daño inflacionario provocado por el cierre de las aduanas y la cancelación temporal del comercio internacional. Se necesitó que transcurriera un par de años para confirmar que el rumbo económico tenía buena dirección. La estadística de 2024 ratificó la tendencia previa, ocho millones superaron la pobreza entre 2022 y 2024. En México, había mejorado su condición de vida casi 14 millones de personas desde 2016.
En la conversación se identifican dos causas que impulsaron un mayor bienestar: las transferencias de gobierno y la recuperación del salario mínimo. El sexenio de la 4T comenzó en 2018 y creó nuevos programas sociales. Pero fue en 2016 cuando se creó la Unidad de Medida y Actualización (UMA), esa Ley permitió desindizar el salario mínimo de las multas y con ello la Comisión Nacional de Salarios Mínimos inició importantes incrementos anuales, eventualmente esta política salarial promovió que mejorara no sólo el ingreso de quienes percibían el mínimo sino también mejoró la remuneración de la mayoría de los trabajadores, aquellos con ingreso equivalente a dos o tres salarios mínimos.
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Al final del primer sexenio de la 4T se había duplicado el salario mínimo y había una importante recuperación tanto del salario mínimo como del salario promedio en México. Este impulso salarial es clave para comprender cómo cada año millones de personas superaron la condición de pobreza multidimensional. A pesar de los avances se mantienen unas voces críticas, por ejemplo, que cuestionan el optimismo en demasía sobre cuánta pobreza efectivamente se redujo, los críticos reconocen avances, aunque señalan que la mejoría en el bienestar es mucho menor a la versión oficial. Otros apuntan que es demasiado bajo el nivel de ingreso, que separa a los pobres y no pobres. Hay verdad en ello, según el Instituto de Estadística (INEGI) se necesitan sólo $155 (pesos por persona al día) para dejar de ser pobre ($4 700 pesos por mes), con ese ingreso exigido tan bajo una persona aún tendría demasiadas carencias como para creer que su pobreza ha desaparecido para siempre.
Otras voces críticas sugieren que la estrategia anti pobreza pudo haber estado mejor dirigida porque si bien muchas personas pobres sí salieron de esa condición, aún hace falta atender la pobreza más aguda. Ciertamente, no debe haber complacencia cuando en México 39% de las infancias es pobre y 24% de la población adulta. Tampoco cuando 46% de la población rural es pobre y 25% de la población urbana. Ni cuando hay más mujeres en pobreza que hombres. Estos contrastes no cancelan que salieron de la pobreza cada año más de cuatro millones de personas entre 2020 y 2024. Sin embargo, hacia delante los esfuerzos deben ser ampliados y requerirán más presupuesto para continuar la tendencia a la baja.
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Personalmente, no dudo que los logros sean permanentes. Hacia delante, será útil lo ya aprendido, aunque se necesitarán otros instrumentos de política para alcanzar nuevos logros significativos. En las próximas mediciones de pobreza sería muy positivo alcanzar mayores reducciones en los estados del Pacífico sur (Chiapas, Guerrero y Oaxaca). Hasta ahora el combate a la pobreza allá ha funcionado de manera similar al de otras regiones. Dado el elevado porcentaje de pobreza en esos tres estados (con aproximadamente 800 municipios) permanece un gran pendiente de justicia social.
¿Subir a Querétaro al siguiente nivel?
Al igual que pasó en periódicos y portales de noticias nacionales, en Querétaro se dio poca cobertura al hecho que 123 mil personas mejoraran su nivel de vida (2022-2024) o que haya 226 mil menos personas pobres en 2024, con respecto a 2016. En el Diario de Querétaro estas estadísticas no se publicaron. Al margen se limitaron a reportar que Querétaro era el octavo estado con menos pobreza.
Hubiera sido más informativo comunicar que la pobreza se redujo a la mitad de 31% a 16% en cuatro años (2020-2024). Para comprender el por qué se opacó tan buena noticia se necesita elucubrar a qué autoridad corresponde el éxito de desarrollo social. Se puede responder con un solo razonamiento: si la disminución de la pobreza ocurrió en todo el territorio nacional, entonces la política exitosa proviene de una autoridad federal.
El Instituto de Estadística (INEGI) precisó durante su informe que la principal causa de la menor pobreza no proviene de las transferencias de becas o pensiones. El principal factor de la movilidad social fue el incremento salarial y en menor medida el dinero que recibe la población como transferencias gubernamentales. En el caso de Querétaro se necesita que el mejoramiento económico llegué a los confines del territorio, en vez de retenerse únicamente en la zona metropolitana.
Las estadísticas de pobreza revelan la inequidad. El Querétaro rural resiente 23% de pobreza, el urbano 14.5%. Además, el 23.4% de las infancias y las adolescencias está en condición en pobreza, el dato estatal es de 16 por ciento. Colectivamente debemos reflexionar sobre cómo se está atendiendo a la población más vulnerable.



SIC mx



